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Prioridades

Prioridades

Andrés Helguera
De mi Ronco Pecho

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No pocas veces hemos escuchado o leído frases como “yo no vivo en el pasado ni en el futuro, sino en el presente”. Suena rete filosófico y bonito, ¿verdad? Quien la dijera pareciera ser una persona que disfruta del momento, que está pendiente en el hoy, que eso es lo importante; sin embargo, después de hacer el rito del “rascahuele”, podríamos acomodarla a la idiosincrasia nacional; se vive al día y quizá la sentencia sea más lastimera de lo que pudiéramos interpretar de inicio.
Para algunos, volver al pasado significa andar de nuevo por caminos de sufrimiento, lo que lleva a esperar un futuro similar a escalar una montaña enfangada; para otros, olvidar en automático el pasado es sólo tomar el atajo para no aprender y enfrentar los errores, con toda la probabilidad de tropezar en el futuro, el cual les importa un pepino, sin previsión, con el “Dios proveerá” y sin entender que para recibir provisiones hay que procurarlas; no a todos les sacan mujeres de las costillas recostados en el paraíso.
Prioridades, todos las tenemos, aunque no en el mismo orden o medida; los que viven del pasado jamás encontrarán paliativo para añorar lo que se tuvo, el cambio no es opción y, por lo tanto, se detienen e intentar detener todo lo que se mueva; pasarán décadas y si regresan a sus casas, verán la misma decoración, la mesita con el mantel bordado, las figuras de porcelana de niños con bombín, las cortinas de terciopelo ya raídas mas no caídas; incluso el olor a lentejas regresará como golpe en las narices, como si nada hubiera transcurrido; los verás con la misma chamarra café o beige con la que los recuerdas; como si la evolución se hubiera puesto en huelga; ellos son los que quieren que todo regrese a como estaba porque se sienten más cómodos en aguas conocidas, no importa que estén infestada de tiburones; su prioridad es que nadie se mueva porque no sale en la foto.
Los que viven en el presente dicen que el pasado ya no existe, no hay por qué voltear, no importa lo que dije ayer, hoy ya no me acuerdo; la prioridad es la fiesta, el alboroto; primero me divierto y, si queda algo de tiempo y me da la gana, entonces veré las responsabilidades; tienen deudas exorbitantes (y hasta exorcizantes) de toda índole; deben la renta, el gas, la luz, la mensualidad
del auto… pero eso sí, no hay concierto al que falten, partido que se pierdan o carnaval que no encabecen; ¿consecuencias? “mañana será otro día”, pero como mañana se convertirá en hoy, pues a darle vuelo a la hilacha.
Los que viven en el futuro son los soñadores que tienen la fe en que todo va a cambiar, pero sin ayuda, sin empuje; aquí viven los de las promesas lanzadas sin caer nunca en la realidad; “hoy tenemos problemas, pero mañana se solucionarán”; su prioridad es que prometer no empobrece y que algún día se cumplirá lo prometido.
Es obvio que pasado, presente y futuro son inseparables, pero quizá lo relevante es no elegir sólo uno para vivir; hay que ir del pasado al presente, del presente al futuro, del futuro al pasado y todas las combinaciones posibles para darle sentido a esta telaraña llamada vida. En este sentido, ¿no creen que los 1,600 millones de pesos que se gastaron en la Estela de Luz hubieran servido de algo para paliar la triste situación de los rarámuris? Digo, si las prioridades estuvieran acomodadas en su orden respectivo.
Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeiliar” a: arhg68@gmail.com, prometo responder a toda prioridad que se tome el tiempo de hacerlo.

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