|
Por Andrés R. Helguera Engáñame una vez, tonto de ti; engáñame dos veces, tonto de mí; engáñame 70 años… no puedo escribir el término porque esta es una publicación decente. Una constante en el ser humano es la voluntad de querer cambiar lo que ha hecho mal; sin embargo, cuando a pesar de todo las cosas salen bien, lo más sencillo es “¿pa’ qué cambiar?”; y no estoy hablando de los esfuerzos honestos de la mayoría de las personas, sino de las truculencias y modus vivendi de la “sinclase” política. Una cosa es decir que se va a cambiar (o peor, que ya se cambió) y otra es ver la realidad. El desencanto en México por la incompetencia del PAN y por el suicidio del PRD sólo han logrado que los zombis del PRI estén muy cerca de regresar al lugar del que debieran estar muy lejos, incluso extintos; sin embargo, la disculpa general es que “no hay opciones” y se prefiere malo conocido que bueno por conocer; es cierto, las opciones no son mínimas, sino microscópicas y se cree que todo es parte de la nueva normalidad democrática en este país. Estamos en medio de la galería del terror; por donde voltees te topas de frente con el mismo puerco, pero revolcado y de distinto color, sólo eso; en casi todas las encuestas de preferencias, el Revolucionario Institucional está a la cabeza y el destino está muy cerca de alcanzarnos. De dos sexenios para acá no ha habido avance, pero ¿es suficiente para regresar al pasado? ¿De verdad piensan que el castigo de 12 años ha sido suficiente para hacerlos reflexionar sobre sus prácticas sindicalistas, monopólicas, totalitarias y autoritarias y cambiar? ¿En serio? Que yo sepa, siguen ahí los Montiel, los Beltrones, los Moreira, los Gamboa, los Marín, los Dávila, los Salinas… (termine usted la lista), ejemplos de siempre y recientes de que lo único que se ha modificado es que por el momento son la oposición (a todo), nada más. ¿Qué es lo que viene? Salir en la foto y no moverse, decir que sí a todo lo que Enrique Peña Nieto diga y mande, regresar a la censura, a la tapadera de corrupción en pro de un reducido séquito, a la protección de los monopolios construidos por ellos, al rechazo de las libertades individuales, a los actos imperiales; es decir, vamos que volamos de regreso a la “cargada”. La seguridad de Peña Nieto y sus huestes es tanta que ahora hasta el “lujo” se dan de pelearse y de ponerse al tú por tú con Elba Esther Gordillo y romper con su partido Nueva Alianza; eso sí, aprendiendo de las consecuencias que están ahora pagando Felipe Calderón y el PAN al arrejuntarse con este personaje. A la “maestra” sólo le queda que Ernesto Cordero sea el bueno del PAN para hacer su alianza; sin embargo, por la cantidad ínfima de votantes y su descomunal secta sindical, pueden alcanzar el porcentaje requerido para conservar su registro.A todo esto se preguntará qué haría yo, por cuál votar si está tan mal el cojo como el jorobado; quizá no sé qué quiero, pero sí sé qué no quiero: resignarme y dar la razón al proverbio de que toda historia se repite; y la reflexión final sería la siguiente: los políticos y sus partidos no cambian porque el poder se consigue a como dé lugar, por lo que el no podemos esperar que el cambio sea de ellos, no lo necesitan y sí lo desprecian; el cambio debe ser de los que votamos. Cuando dejemos de lado nuestra apatía de que “pos así son las cosas”; cuando dejemos el conformismo de que “no se puede hacer nada”; cuando las acciones ciudadanas (reales) rebasen a la política parasitaria y encubridora; cuando los escándalos y corrupciones políticas dejen de ser para nosotros sólo el “trend topic” del día; cuando decidamos madurar como sociedad; entonces, y sólo entonces, estaremos en posición de cambiar el oscuro panorama que se nos avecina; si no, que nos lleve la “cargada”. Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeiliar” a: arhg68@gmail.com; prometo responder a toda “cargada” que se tome el tiempo de hacerlo.
|
|