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Navidad ¿Por qué no?

Navidad ¿Por qué no?

Andrés Helguera
De mi Ronco Pecho

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MEXICO, D.F..- Ah, las fiestas decembrinas… época de buscar los regalos prometidos al mejor estilo de misión imposible; de estar contando los segundos para las vacaciones; de pasar de posada en posada hasta terminar quién sabe dónde; de las comidas de las oficinas donde afloran los resentimientos al recibir de intercambio una pluma por parte de los proveedores; de los interminables festivales de los niños cantando una y otra vez los villancicos (el sonidito de los cascabeles es como para que las neuronas se suiciden); de andar correteando pavos y lomos de cerdo como si la profecía maya fuera correctamente interpretada; de cenas familiares que comienzan con brindis y terminan en retirarse el habla… seguro ya me implantaron la imagen del Grinch, pero no, en realidad este símil de Scrooge se está desahogando porque tiene que trabajar al ritmo de Santa Claus mientras los demás ya disfrutan del tradicional puente Guadalupe-Reyes; simplemente, la envidia me corroe.
¿Ya hiciste tus compras? No. ¿Ya apartaste el pavo? No. ¿Ya felicitaste a todos tus clientes y proveedores? No. ¿Ya sabes qué le vamos a regalar a la abuela? arhggggg… ¡que no! Estas últimas dos semanas del año nos convertimos en lemmings rumbo al precipicio, con los ojos desorbitados y para nada alcanza el tiempo; después del 24, viene el desinfle, se hayan o no cumplido las metas y se haya quedado con o sin regalo la abuela.
También en estas fechas abundan los que despotrican contra los gastos excesivos y absurdos y sobre lo comercial que es la Navidad (o lo que celebren); sobran también los que demandan que no nos dejemos llevar por despilfarros por los que lloraremos los siguientes once meses; razón alguna tienen; sin embargo, a nadie lo obligan; habrá quienes quemen su aguinaldo o bono en una fuente de oro para la tía que vive en un departamento; habrá otros que ni en el abrazo inviertan.
No, no voy hacia el espíritu de la Navidad (eso sí me cae gordo de tan cursi), sino a las ganas que tengan de pasarla bien, ¿por qué no? Ya hemos hablado de la alegría inconsciente, aquella que pone de lado las preocupaciones con tal de tener un buen recuerdo. Sí, la inseguridad, corrupción y economía están de la fregada; sí, los políticos son una bola de inútiles; no nos alcanza para pavo, sino para pollo frito; sí, los mayas dicen que viene “borrón” y
cuenta nueva; pero también se vale que nos hagamos un espacio para divertirnos, para ilusionarnos con que vienen tiempos mejores, para atesorar el entusiasmo de nuestros pequeños al adornar el árbol y su asombro al ver lo que les dejó Santa; sí, hagámoslo, contagiémonos un poco de esa inconsciencia para valorar lo que tenemos, no lo que nos falta; incluso tratemos de disfrutar la andanada de villancicos que venimos escuchando durante décadas en los centros comerciales, en los supermercados.
Los problemas no se van, por supuesto, y tampoco se trata de ignorarlos para que empeoren; sin embargo, después de tantos días de jalarle a la yunta, París bien vale una misa. ¡Feliz Navidad!, querido lector.
Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeilar” a: arhg68@gmail.com; prometo responder a todo el o la que se tome el tiempo de hacerlo.

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