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¿Y las Consecuencias ‘apá?

¿Y las Consecuencias ‘apá?

Andrés Helguera
De mi Ronco Pecho

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Por Andrés R. Helguera
MEXICO, D.F..- El antes y el después siempre estarán de la greña; sin embargo, en cualquier momento es importante saber qué se nos enseña y qué aprendemos, pero, sobre todo, cómo lo mostramos a los demás.
Me acuerdo que cuando de chamaco la regaba (y no me acuerdo cuántas veces fueron y son), mis padres me ponían una pela de antología; claro que todo era en proporción a la falta, no quiere decir cuando metía la pata terminara como punching bag (había pellizcones y jalones de patilla y oreja, pero no golpes); si por algo me castigaban sin ver la tele, no había poder humano ni ojos de gato con botas que me quitara el castigo; las explicaciones eran suficientes para recapacitar en que no era una medida injusta, sino pleno ejercicio de aguantar vara; es decir, había consecuencias tanto para los aciertos como para las mensadas.
A veces podía creer que mis padres, maestros o de quien recibiera el regaño, lo hacían porque les caía gordo y que la traían contra mí, o que el mundo no me entendía, o simplemente porque no lo merecía, ¿y saben qué?, bien merecidos que los tenía, pero de ahí a ponerme “sabroso” con mis padres y apelar a los derechos de los niños y exigir que se me diera la razón, ni pensarlo; y no era miedo, sino respeto; sin embargo, yo no podría haber hecho mutis sólo porque sí; dentro de estos regaños y castigos estuvo el aprendizaje de saber enfrentar los errores y sacarles provecho, algo que se inculca y se debiera absorber; nada ganaban mis padres con encubrir mis tarugadas para no “traumarme” y lastimar mi autoestima; lo más fácil para ellos hubiera sido hacerse los locos y aparentar que nada pasaba; no hubiera aprendido nada.
Esto vino a la mente por varios casos que sucedieron en la semana, banales, pero algo representativos de qué ocurre cuando se crece “sin errores”.
• Caso 1. Sé que allá en Estados Unidos el programa The X Factor va más adelantado que acá (cuestión de subtitulajes) y que en realidad es otro programilla de reality soso. Para los que no lo conocen, varios participantes cantan y bailan frente a un jurado y el público (a través de internet) vota por los mejores y los dos que recibieron el menor número de votos tienen que convencer al jurado para quedarse, obvio, uno se va
a su casa; pero al estarlo viendo, en una de las eliminaciones se presentó lo siguiente: quedaba Stacy Francis, una señora de gran vozarrón y un chamaquito hip-hopero de gran talento llamado Astro, de aproximadamente 11 años. Debían interpretar una última canción para sobrevivir la eliminación. Ambos tuvieron un desempeño bastante gris, pero hubo grandes diferencias: Francis echó el alma por delante, mientras que Astro (con cara de fastidio) primero preguntó si valía la pena entrarle al reto y terminó haciéndole el favor al público de cantar, para terminar con una pose tan pesada como un six pack de electropura. Cada uno de los cuatro jueces se lo pusieron como chancla, preguntándole si cuando las cosas salen mal la solución era ponerse chicho, incluso Astro los interrumpió y fue nuevamente regañado. Después de una sesión de regaños, resulta que a la que eliminaron fue a Francis; la incongruencia fue total, ¿y qué aprendió el chamaco?: la regaste, te pusiste flamenco, te pusiste respondón, tu actitud fue patética, fuiste soberbio y como castigo… te apoyamos; entonces este chamaco y quienes ven el programa sacan como conclusión que estuvo bien lo que Astro hizo; entonces, hay que imitarlo; la justificación de los jueces fue que “está joven, es inseguro y así va a aprender”; ajá, claro, seguro que eso es lo que piensa Astro, y así va a ir por la vida.
• Caso 2: En el partido de Día de Gracias entre los Leones de Detroit y los Empacadores de Green Bay, muy temprano en el partido, el liniero defensivo de los Leones, Ndamukong Suh, uno de los mejores, se pasó de listo y violento con un rival cuando ya había acabado la jugada: le azotó la cabeza tres veces en el césped y después le metió un pisotón en el brazo marca marranazo, y lo expulsaron del juego, cuando era un partido clave para su equipo. En la conferencia de prensa al terminar el partido (que obviamente perdieron feo los Leones), lejos de pedir disculpas, Suh (menos mal que su apellido es menos complicado que su nombre) se puso agresivo y declaró no saber por qué lo habían expulsado; es decir, todavía se puso sus moños; la cosa no paró ahí, la Liga lo castigó con dos partidos sin goce de sueldo y Detroit tuvo el descaro de tratar de apelar la decisión. ¿Qué aprendió Suh? Que puede regarla, ponerse al
tiro con las decisiones y, además, recibir el respaldo de su equipo; un entrenador tipo Knoll, Landry, Bellichick o Parcells no se hubieran esperado a que la Liga lo castigara; lo hubieran puesto como lazo de cochino y ellos mismos lo hubieran castigado; Suh sigue pensando que su suspensión fue injusta.
• Caso 3: Seguro usted tiene uno buenísimo, por eso lo dejamos en blanco.
Si crecemos sin consecuencias y sin valor para afrontar nuestras metidas de pata, entonces qué nos sorprende que todo mundo se pase por el arco del triunfo las reglas de convivencia básica social; sólo piense en todos los niños verdes, maestras, señores de ligas, guarderías ABC, endeudadores de estados que a cambio de sus atrocidades reciben el premio de seguir cobrando del erario público y durmiendo tan tranquilos cual lirón.
Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeiliar” a: arhg68@gmail.com; prometo responder a todo consecuente que se tome el tiempo de hacerlo.

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