|
Por Andrés R. Helguera MEXICO, D.F..- Así como en Estados Unidos se tiene el famoso “Black Friday”, un día después de haber reducido al mínimo la población de pavos, en México, con bombo y platillo (y uno que otro cornetazo) se anunció que una semana antes se haría el experimento de implantar un movimiento comercial llamado “El Buen Fin” para reactivar la economía del país y emular el frenesí consumista del ya tradicional día norteamericano. Durante el fin de semana del 18 al 21 de noviembre miles de empresas harían rebajas “increíbles” para tratar de que la gente que se iba a ir al “Black Friday” se quedaran aquí a gastarse lo mismo, peeeeeeero… del chorro de voz sólo quedó un chisguete. La idea no era mala, el planteamiento tampoco, pero la implementación fue como promesas de campaña: sonaba bonito, pero nunca pasó. Con toda seguridad, a Felipe Calderón le pareció una excelente vía para animar la tan vapuleada economía “tenochca”; se reunió con los empresarios para ventilarles su idea y éstos respondieron “va” (con caravana de por medio y haciendo changuitos por atrás) y anunciaron que habría descuentos desde un 10 hasta un 40%, ofertas impensables y años sin intereses; sin embargo, a la hora de la hora, fue sólo alboroto y pretexto para que los mexicanos cambiaran lo que no tienen por lo que tampoco necesitan. La primera llamarada de petate es que se anunció que se iba a adelantar el 50% de los aguinaldos, pero ya casi susurrando se explicó que esto sólo iba a aplicar a los burócratas (ya decía yo). Casos de letras chiquitas y condicionantes para otorgar descuentos pulularon por doquier: “Oiga, ¿cómo que con el 40% este comedor sale igual que como lo vi la semana pasada?”, dijo el cliente; “¡Ah!, es que apenas esta semana nos subieron los costos, pero ahora le sale 40% más barato”, contestó el dependiente; “pues ¡tenga su buen fin!”, contestó el cuasi incauto al tiempo de hacer el corte de manga. Una tienda de mascotas (la cadena que más sucursales tiene) puso toda la tienda con rebajas parejas del 15%; no estaba tan pior, pero al momento de pagar cualquier hueso pa’lperro resulta que sólo era válido el descuento si contaba con la tarjeta de cliente frecuente de entrega a domicilio de la tienda. ¿No estaba inscrito? Faltaba más, la podías adquirir por tan sólo diez pesos y así aprovechabas los descuentos. Otra empresa de telefonía celular anunciaba una mega-hiper promoción: con tu recarga de sesenta pesos te regalaban mil mensajes; muy atractivo, pero al revisar el plan, la única condición era que tenías que utilizar todos tus mensajes durante “El Buen Fin”; si no te los acababas para el lunes, lástima Margarito; no faltó el babas que salía de la tienda: “fíjate manita que tengo mil mensajes, pero como me los tengo que acabar, pos voy a estar mande y mande pa’ aprovechar”. Las tiendotas departamentales gritaban por el megáfono que tenían mercancías rebajadas hasta el 50% y que, además, te bonificaban 20% en monederos electrónicos y con hasta 18 meses sin intereses pagando con su tarjeta. Claro que la mercancía era la de los botaderos que siempre tienen y su promoción de cupones era la misma que hacen dos veces por año. Y así nos podemos seguir; claro que a razón de no ser para todo tan neuras y amarguetes, hay que aceptar que hubo empresas y/o tiendas que sí le entraron bien, pero no he encontrado alguien que nos diera razón de ello. Una vez más, la idea de Felipe no era mala, pero tampoco podemos echarle toda la culpa si los empresarios le dijeron que le iban a atorar (y que a fin de cuentas no entendió que “nos” iban a atorar); en realidad se hicieron majes y lo hicieron quedar mal y no los podía obligar; había mucha gente en las plazas comerciales, pero muy poca dentro de las tiendas, y menos aún comprando. Hay que entender que “El Buen Fin” tenía desdendenantes un “Mal Inicio”, porque, por lo menos en gran parte del país, la gente no gasta porque no quiere, sino porque no tiene; no gasta en lo que desea, sino en lo que está a su alcance; no es sólo decir: “órale mi’jo, vaya a gastarse sus ahorros en una pantalla de plasma de 80 pulgadas ahora que cuestan un poco menos que ayer”; de entrada, es difícil que se tenga el ahorro y todas estas compras se fueron directito a los planes de meses sin intereses de las tarjetas, tan impagables que con seguridad veremos (por a’i de febrero) camiones de estas tiendas departamentales embargando lo comprado con ilusión, pero sin dinero. A’i pa’lotra. Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeiliar” a: arhg68@gmail.com; prometo responder a todo buenfinsemanero que se tome el tiempo de hacerlo.
|
|