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Pican, Pican los Mosquitos

Pican, Pican los Mosquitos

Andrés Helguera
De mi Ronco Pecho

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MEXICO, D.F..- Los cocodrilos pueden parecer muy lentos; los osos, hasta tiernos; los tigres, hermosos gatotes; los hipopótamos, rechonchos simpáticos; las víboras… bueno, a casi nadie le gustan. Si algo tienen en común estos animales es que son bastante peligrosos y causantes de miles de muertes humanas cada año; aún así, la gente los tiene como sus especies favoritas y gozan de tanta popularidad como Justin Bieber; sin embargo, aunque pudiéramos abrir una encuesta para conocer al animalejo más odiado, en la lista tendríamos seguramente a las ratas, a las cucarachas, a las arañas y a los políticos, pero no podemos mentir. Esta lista sería encabezada por el mosquito.
Es claro que si vemos a este insecto volador no soltamos un grito de terror, pero reaccionamos como cuando pagamos la tenencia vehicular: las cejas se fruncen, los dientes se aprietan y el cerebro hace ebullición con el pensamiento “matar, matar, matar”. No es el piquete, tampoco el aspecto, sino el torturador zumbido que emite; ok, varios dirán que el piquete también, pero no pensemos ahora en un enjambre de tamaño tal que pudiera servir como pretexto para una película baratera de ataques animales, sino en ese bicho individual con la explícita tarea (o así parece diseñado) de fastidiarte el sueño.
¿No les ocurre que justo cuando han decidido tirarse a los brazos de Morfeo, este zumbador se pasea frente a sus ojos, sólo para hacerle levantar a buscarlo por todo el dormitorio? Inútilmente, claro. Después de dejar la recámara como Sarajevo, nos damos por vencidos y queremos creer que encontró mejor sangre que la nuestra, pero no, apenas cerramos los ojos, comienza su sonido hip-hopero y hasta parece que siempre apunta a los oídos y terminamos dándonos cachetadas a granel toda la noche; pero qué tal cuando logramos cazar uno: se arma el ágape con mole y chelas para todos, cruzamos por toda la casa vanagloriándonos de nuestra victoria, hemos vencido al mismísimo demonio; entre aplausos familiares, gozamos al tirar el cadáver en la basura y, ahora sí, a dormir… hasta que aparece el otro que no habíamos visto.
Si no les parecen molestos, los conmino a hacerle a la persona que tengan junto: bbbzzzzzzz, tsssssst (en el tono más mosquitero que puedan, y en el oído), a ver si no les regresan tremendo tortazo.
Así de odiosos, estos insectos no se acaban y aparecen en todos lados. No conformes con sufrirlos por las
noches, los mosquitos tienen su avatar en algunos oficios humanos fácilmente identificables; si no me creen, a’i les van varias especies:
• El mosquito telefónico: especie de insecto que tiene el tino de hablar todos los días –especialmente los sábados y domingos a las ocho de la mañana– para seguirnos ofreciendo los grandes beneficios de adquirir sus tarjetas; nunca es el mismo mosquito y ninguno entiende que no sólo no estamos interesados, sino que aborrecemos su banco o tienda; jamás dejará de sonar en el auricular.
• El mosquito cazaturistas: por lo general se mueve en enjambres por todos los aeropuertos, hoteles, playas y destinos turísticos buscando chupar la sangre (y paciencia) de los paseantes para ofrecerles paquetes de tours si hacemos una corta visita (de 5 horas) a sus instalaciones. En vez de repelente, se sugiere llevar un cartel que diga “no” y mostrarlo, aunque no siempre funciona, ya que nos siguen por todos lados. Si por desatino (¡ah,lababa!) les hacen caso, o peor, les aceptan la “invitación”, se convierten en su sombra y terminarán teniendo unas vacaciones a la Chevy Chase (pero sin la parte de comedia).
• El mosquito vecinal: tiene su nido junto a nuestra casa o dentro del mismo edificio; primero es un bicho amistoso que nos da la bienvenida; sin embargo, con el paso del tiempo su rutina diaria es tocar a nuestro timbre todos los días y a cualquier hora, con el tino del chango de siempre tocar cuando estás viendo una película; los motivos son infinitos, desde la tradicional pedidera de azúcar, limones, leche, café, huevo…, pasando por la cooperacha para el baile de la iglesia, hasta amenazas de llamar a la patrulla porque hemos decidido ya no abrirle la puerta.
• El mosquito callejero: pasa como ochocientas veces todos los días con la misma grabación, estridente y capaz de irritar hasta a la Madre Teresa de Calcuta; elija usted la peor: “Lleveeeee sus ricoooos y deliciosoooos tamales oaxaqueñooooos; ya llegarooon sus ricooooos y calientitoooos tamales oaxaqueñooooos”; “Se-com-pran-te-le-vi-siones-la-va-do-ras-fie-rro-o-al-go-vie-jo-que-ven-daaaaaaaaaan” (trate de leerlo corrido y con la voz más chocante que le parezca); hay miles de subespecies, pero estas dos son de antología.
• El mosquito político: especie de la era cuaternaria muy lejos de estar en extinción; es la especie más peligrosa porque su piquete puede producir analfabetismo y amnesia; aunque parece hablar en lengua humana, tiene la capacidad de hablar y hablar hasta que su voz
se transforma en zumbido que de nada y a nadie le sirve; es el bicho más goloso en chupar la sangre de la gente a niveles más cercanos a lo que haría un vampiro; se mueven en enjambres de zánganos que ayudan a propagar su zumbido; no deja que nadie duerma en paz y lo peor es que se propaga con facilidad.
Ya pensándolo bien, confieso que odio a los méndigos mosquitos, pero incluso, entre ellos hay clases soportables; de todos, me quedo con el original, al menos de él sí me puedo desquitar; así que cantemos: “pican, pican los mosquitos; pican con gran disimulo, unos pican en la mano y otros pican en el cu… erpo (a’i le siguen). Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeiliar” a: arhg68@gmail.com, prometo responder a todo mosquito que se tome el tiempo de hacerlo.

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