|
Por Andrés R. Helguera Al estar observando los partidos del Mundial Sub-20 de Futbol, que se realiza en Colombia, una y otra vez me preguntaba por qué han sido tan carentes de emoción, de calidad; pa’ser claros, tan infames. No me llevó mucho encontrar una causa muy probable: todos los mediocampistas y delanteros quieren ganar la guerra solos; agarran la pelotita y se lanzan con todo hasta que algún rival se las quita o terminan por dar un pase tan forzado como sonrisa de diputado; disparan de donde sea y como sea; es difícil creer que el futbol es juego de conjunto, si prefieren las actitudes singlistas; entonces se hubieran dedicado al tenis, al póker, o al golf, por ejemplo. En primera instancia, es claro que estos chamacos saben que hay visores de casi todas las ligas importantes, buscando esa joyita que puedan llevarse a sus equipos con una gran lana de por medio y, por ende, los chavos tratan de lucirse; sin embargo, el tiro sale por la culata, ya que a fuerza de intentar brillar de manera individual, echan a perder el trabajo de conjunto y todos se pierden en su propio pantano. Por supuesto que estos futbolistas sueñan con tener resuelta la vida económica antes de los 20 años al jugar para el Real Madrid, Barcelona, Manchester u otro portento balompédico; pero analizando más fondo, no sólo son los billetes los que hacen que destellen sus ojitos; hay algo más que influye de manera determinante: su desarrollo y su entorno social. Todos estos jóvenes han crecido al amparo de las consolas de videojuegos, llámense Nintendos, PSPs, Wiis o XBoxes, en donde sólo cuenta la destreza individual, ya sea jugando Mario Bros, Halo o cualquier versión de FIFA o Madden. Si bien eligen un equipo de asalto o de futbol, en realidad son ellos los que deciden, “corren”, pasan o matan a planetas enteros; sus compañeros pueden ser sacrificados como puercos en cualquier nivel, pero el juego sigue mientras el personaje que maneja el usuario siga vivo; es decir, estos juegos están llenos de “Kowalskis”. Aquellos que sepan quién es Kowalski, bienvenidos a los 40; quienes no, a’i les va una referencia rápida: había un programa sesentero llamado “Viaje al fondo del mar”, en el que un submarino se enfrentaba con todo tipo de seres extraños de las profundidades inexploradas de los océanos; bien, obviamente había el héroe capitán, el semihéroe primero de a bordo y uno que otro que salvaba el día, pero había un personaje de la tripulación muy singular, Kowalski (interpretado por Del Monroe), que no tenía muchas líneas, pero a quien todo le pasaba: si se metía un monstruo marino, al que atrapaba era a Kowalski; si era un alienígena el que disparaba su rayo paralizador, le atinaba a Kowalski; si alguien era raptado del submarino… adivinaron… ¡Kowalski! Digamos que era el papá de Kenny (South Park) y no dudo que su creador se haya inspirado en el buen Kowalski. La serie era bastante mala, pero muy divertida y lo curioso es que nadie se acuerda del capitán u otro personaje principal, sólo de las penurias del pobre Kowalski. Bien, ya saben quién es Kowalski, por lo que pueden inferir que en un equipo de futbol actual, todos los que no llevan la pelota se apellidan Kowalski. Esta manera individualista de ser de los chamacos tiene su razón de ser en que los más ya no pueden salir a las calles y competir en un partido real entre los amigos de la cuadra; ahora prefieren encerrarse en sus recámaras para competir en las pantallas sin otra habilidad que la increíble elasticidad de sus pulgares. Al llegar a integrar un equipo de conjunto, aún tienen el chip de que están en las consolas y depende de ellos resolver todas las jugadas, ser los “genios” que driblan a toda la defensiva para anotar cada uno de los goles de su “equipo”, pero no sólo eso, sino los propios espectadores tienen postrada su fe en ello; por ejemplo, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo brillan en el Barcelona y en el Real Madrid, pero en sus respectivas selecciones (Argentina y Portugal) todos esperan que solitos hagan lo mismo, pero falta algo muy importante: el gran equipo que los cobija, que les permite y hace fulgurar al más alto de sus niveles. Pelé, Cruyff y Zidane eran líderes magistrales, pero también estaban rodeados de un gran equipo; Maradona es el único que, a pesar de tener a su alrededor a jugadores apenas arribita del promedio, se las ingenió para hacer destacar a sus Kowalskis. Estas actitudes de singlistas empedernidos está dando con el traste al futbol, pero ojo, no sólo en este deporte se nota; por ejemplo, los partidos políticos no trabajan en equipo sino a nivel personal (y que conste que es desde siempre; nunca necesitaron de consolas de videojuegos); en el mundo laboral parece no importar qué equipo sacó adelante el trabajo, sino quién recibirá al final la estrellita (y el ascenso); la ausencia de reconocimiento de labor de equipo es creciente y cada vez habemos más Kowalskis por todos lados. El Calcetín de la semana (aquellos que sólo abren la boca para meter la pata): “Algo que nos inquieta mucho es la deserción en la educación media superior… Estamos encontrando un método para detectar a los jóvenes que empiezan a faltar, para darles un tratamiento especial e identificar la causa que explique el ausentismo y evitar que el ausentismo acabe, termine finalmente, en deserción”. Alonso Lujambio, secretario de Educación. ¿Qué podemos decir?: El método inicial, según me dicen, será revisar las listas de asistencia todos los días y llamar a las casas de los que faltaron para saber qué pasó; el programa piloto falló porque no encontraron a nadie en su hogar porque se habían salido a trabajar para ayudar a completar los gastos de la familia. Ahora, si no se le ocurre ninguna causa posible, a’i le va una pista don Alonso: don Neto no estaba diciendo la verdad cuando afirmó que con seis mil pesos la hacíamos. Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeilar” a: arhg68@gmail.com, prometo responder a todo Kowalski el que se tome el tiempo de hacerlo.
|
|