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Historias Paralelas

Historias Paralelas

Andrés Helguera
De mi Ronco Pecho

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Por Andrés R. Helguera

Apenas terminé la novela “El ruido de las cosas al caer” (Premio Alfaguara 2011), de Juan Gabriel Vásquez, escritor colombiano que narra muy a su manera no sólo algunos episodios difíciles de Colombia (y miren que han pasado las de Caín) en los tiempos de Pablo Escobar, sino que realiza un retrato muy sincero y realista del pensar de este país hermano, de la cicatriz del narcotráfico que no termina de sanar, y no pude evitar con su relato encontrar ciertas coincidencias escalofriantes con lo que ocurre hoy en México.
Incluso, Vásquez se refiere a Colombia como el país de “nunca pasa nada” (¿otra coincidencia?). Sus personajes se preguntan dónde estaban cuando ocurrió el asesinato de algún político de renombre, qué hacían cuando fue el bombazo en alguna parte y reflexiona sobre los hechos que marcan un antes y un después de los hechos que movieron los cimientos de la conciencia nacional. El paralelismo es impresionante; además del terremoto de 1985 –una tragedia natural que despertó a la sociedad ante la impavidez política–, no somos menos quienes nos preguntamos dónde estábamos cuando asesinaron a Luis Donaldo Colosio, o a Francisco Ruiz Massieu, o cuando se encontraron las fosas comunes en Tamaulipas, o el bombazo en Morelia, o el secuestro de Diego Fernández de Cevallos…
Esa violencia en incremento cotidiano resultó en la peor de las pesadillas para Colombia que, si bien aún no puede dormir tranquilo, tuvo un momento de resolución y atemperamiento. Una gran cantidad de personas se ofende cuando se habla de una “colombianización” de México, sin entender que no es cuestión de idiosincrasia, sino que debe entenderse esto como una repetición en México de los hechos sangrientos en donde el gobierno colombiano ha combatido a las mafias del narcotráfico; quieran o no, eso es una guerra; y en este caso paralelo, sin preparación, sin táctica y sin un cuerpo de policía (llámese federal, local, municipal) convencido de qué lado es en el que le conviene pararse.
Ya Adolfo Gilly nos habló de nuestra “Revolución Interrumpida” (Ediciones Era, 1971), en la que equipara la victoria revolucionaria con un simple cambio pequeño-burgués que termina en el poder, una guerra que llevó años y en las que los bandos iban de un lado al otro; al llegar Zapata y Villa a ocupar la silla presidencial se preguntan “¿y ahora?”; sin tener programa ni política nacional, mejor se levantaron y se
fueron… para ser cazados por Carranza y Obregón; millones de muertos y el poder cambió de un individuo a un grupo.
¿Y ahora? Ni modo de no hacer nada, en eso estamos de acuerdo; sin embargo, ¿por qué no aceptar asesoría de quienes tienen experiencia (mala, de acuerdo) en esto? Esa costumbre de “yo soy Juan Camaney” y yo solo puedo, es tan mala como comerse un plátano antes de acostarse; ejemplos hay a racimos; en 1985, cuando el mundo ofreció ayuda inmediata a México tras el terremoto, Miguel de la Madrid (entonces presidente) se dio el lujo de decir “no gracias, estamos bien” -¿estamos quimosabi?-, para, después de despilfarrar un tiempo precioso para salvar miles de vidas más, decir “ta güeno, no estamos tan bien, vengan plis”.
No les voy a contar el final del libro, pero me encantaría que si alguien sabe el final de esta historia paralela, me hiciera favor de platicármela; por ahí alguien no muy ilustre dijo que los demonios andan sueltos, pero la verdad es que nunca han estado amarrados. ¿O sí?
El Calcetín de la semana (aquellos que sólo abren la boca para meter la pata): “Hace mucho que México dejó de ser un país pobre. En este momento, México ya es un país de renta media que viene a consolidar las clases medias como hace tiempo no lo lograba”.
Ernesto Cordero, Secretario de Hacienda.
¿Qué podemos decir?: Va a parecer que lo traemos de encargo, pero es que don Neto se pone de pechito todas las semanas. No sé si habla desde un futuro muy, muy lejano; en algo tiene razón, sí somos un país de renta media, porque rentamos a medias, comemos a medias, nos alcanza el salario a medias...
Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeilar” a: arhg68@gmail.com; prometo responder a todo coincidente que se tome el tiempo de hacerlo.

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