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Por Andrés R. Helguera Siempre que un equipo logra el título, sea el que sea, se recurre a la consabida pregunta de si es el mejor equipo de la historia… y comienza el debate, más porque ya acabó el show que por otra cosa, pero en el caso del Barcelona de estos tiempos, es justa la interrogante. Si en su momento existieron los “Galácticos” del Real Madrid, con Zidane, Raúl, Ronaldo, quizá palidecen ante el “Triángulo de las Bermudas” catalán que forman Iniesta, Xavi y Messi, rodeados por auténticos perros de presa como Busquets, Puyol y Mascherano y velocistas como Villa, Alves y Pedro… un cuadro redondo en todas sus orillas. Por supuesto que el Barcelona saltaba como favorito ante el Manchester United en el mismísimo estadio de Wembley, pero nadie creía la abismal diferencia entre el campeón español y el inglés, llegando incluso a medio consentirlos en diversos lapsos del partido. La Champions League está a luz de distancia de cualquier otra competencia de clubes, llámenla como quieran; le tenemos especial aprecio a la Libertadores; sin embargo, no podemos comparar el aceite de oliva con el aceite de motor. La final acrecentó nuestra envidia por tener alguna vez un espectáculo (en todos los sentidos) siquiera cercano: no se desviven por el trabajo del árbitro, a quien entienden que sólo es una circunstancia del partido, no un protagonista; no vimos a nadie que, al recibir una falta, pareciera que lo agarraran a patadas Rey Misterio y Undertaken juntos; no vimos que Messi se transformara en Bruce Lee para sacar al espontáneo que llegó a saludarlo; es más, ni lo vimos porque la transmisión original europea jamás lo enfocó; no vimos u oímos comerciales que interrumpieran el partido o que aprovecharan cada tiro de esquina o salida del balón para recordarnos los beneficios de comprar televisiones o garnachas; tampoco vimos que al minuto 25 de cada tiempo los jugadores fueran a las bancas a rehidratarse, pero sí vimos que el balón continuamente merodeaba las porterías rivales; sí vimos que los disparos iban a los arcos, no despejes a la fila 35; sí vimos que el ‘taka-taka’ del Barcelona era en busca de llegar a la meta de Van der Saar, no sólo el pretexto para evitar regatear con el rival; sí vimos a uno de los mejores equipos de futbol de la historia. El Barza de “Pep” Guardiola sólo ha dejado ir tres de los 16 torneos que ha disputado; es una máquina impresionante del buen futbol, a lo que deberían aspirar y copiar todos; podrán decir que para ello les faltarían los Puyol, los Piqué, los Iniesta y demás, pero para pretextos nos sobran palabras; es trabajo arduo, inteligente, de las fuerzas básicas (Valdés, Piqué, Puyol, Xavi, Iniesta, Bojan, Busquets, Pedro), de la visoría (Messi) y de contrataciones con sentido (Alves, Villa, Mascherano, Keita, Afellay, Abidal). Esta amalgama aclara que para dar resultados no es necesario ser contemplativo y parco; se puede ser espectacular y ganador. Entre los torneos de Liga, de Champions y de la Copa del Rey, el Barza disputó 60 partidos, ganando 44, empatando 11 y perdiendo sólo cinco de ellos, con una impresionante efectividad de 0.825; después dicen que los números no dicen nada, pero su frialdad ahí queda. Celebremos a equipos como este de Barcelona, como en su momento se aplaudió al Real Madrid de los 50 y 80, al Ajax de los 70, al Brasil de los 50-70, al Nápoles de Maradona de los 80-90, al Milan de los 80, al Santos de Pelé. Gracias a ellos el futbol sigue levantando pasiones, se puede disfrutar por incluso más de 90 minutos y, si alguno quiere comparárseles, tendrá que jugar como ellos; el Barza de esta era deja la vara muy alta, incluso para el ego de Mourinho y su filosofía de cerrojo; si aprende algo, liberará al Madrid para que sean enfrentamientos de lo que son: colosos. Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeilar” a: arhg68@gmail.com. Prometo responder a todo coloso que se tome el tiempo de hacerlo.
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