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Por Andrés R. Helguera ¿Recuerdan la historia del Rey Midas, aquel que todo lo que tocaba en oro se convertía? No sólo es un relato con gran moraleja, sino que su analogía se repite una y otra vez cuando a alguien todo le sale bien, aún a pesar de sus esfuerzos por echarlo todo a perder. De aquí también surge la firme creencia de que hay “gente con estrella” y “gente estrellada”. En esto, dicen, la suerte tiene su nicho; sin embargo, hasta para regarla hay todo un repertorio de habilidades naturales. Pensando en la historia de Midas, sabemos que hay gente que se topó con el mismo genio (algunas adaptaciones dicen que fue a un dios, sin santo y seña, pero un dios) y pidió lo mismo que el rey, pero al escuchar del genio que el deseo de convertir todo en oro ya estaba apartado por unas cuantas familias, sólo atinó a decir: ¡Miér…coles de ceniza! ¡Zap, concedido! No podemos negar que todos tenemos una extraña destreza para hacer pinole ciertas cosas; por ejemplo, toda la tecnología de vanguardia me puede dejar embelesado, pero tengo un don especial para que ninguna me funcione; soy muy estricto para seguir las instrucciones de configuración y/o instalación (quizá ese es el error) y cuando llego al punto casi final, ese momento cuando el instalador dice: “Al apretar el botón rojo aparecerá una pantalla verde que le indicará que ya puede utilizar su cachibache”, ¡ah!, pues aprieto el botón rojo y, ¡surprise!, aparece una pantalla igual de roja que parece decirme que tengo dos segundos para buscar refugio porque el teléfono va a estallar. Así como en toda banda de amigos conocemos a alguien (incluso ustedes mismos, no se hagan) con el apodo del “Chino” o el “Gordo”, nadie más famoso que el “Manitas de estómago”; efectivamente, ese personaje que se destaca por hacer albóndiga todo lo que toca; lo que está bien, lo deja mal; y lo que está mal, lo deja peor; y lo que está peor, mejor ya ni hablamos. Los “Manitas de estómago” son peligrosísimos, incluso para sí mismos; sin embargo, por raro que suene, nadie parece notar su presencia; y los hay de todo tipo, no crean que sólo existen los que se dedican a hacer manualidades (o desmadranualidades); existen los que con la boca despedazan (además del lenguaje; a’i te hablan Vicente) a cualquiera; a éstos también se les conoce como los “Calladito soy más guapo”. También tenemos a la subespecie de los “Cerebros de estómago”, esos que sospechan con el pecho y calculan con el cu…lebrón que pasó esta semana; es decir, que casi todos sus órganos andan volteados, que si no, no podríamos alcanzar a entender cómo le hicieron para siquiera proponer ciertas barrabasadas. Eso sí, estos entes destructores tienen un apelativo común: política. Por eso decíamos que hasta para ser tarugo se debe tener cierta clase (o especie dirán por ahí). Claro que hay algunos que bien valen la pena y que por lo mismo son vistos como la lepra por sus pares (de manitas). Nomás basta que se “hagan cargo” de cualquier asunto, edificio, patronato, compañía, servicio y la consabida larguísima lista de etcéteras, para darle en la chapa. La más reciente aventura de esto fue el regalo de son Felipe Calderón a su salvadora electoral, doña Elbaaaa Estheeeer Gooordillllo (perdón, es que sólo teclear su nombre me dan toques), nada más y nada menos que el control de la Lotería Nacional y que en unos cuantos añitos (cuatro pa’ no errarle) ya está en la quiebra (como lo están el IMSS, el ISSSTE, Pemex y cualquier otro organismo o paraestatal que les venga a la mente). Los más ingenuos pensaremos que de verdad le echan ganas, pero algo pasa que todo les sale mal; los demás (la mayoría, espero) sabrán que a ellos, precisamente a ellos, las cuentas públicas jamás les salen, pero ¿qué tal las cuentas personales? ¿Ah, verdad? Entonces sí se transforman en los verdaderos reyes Midas, utilizando todo y cuanto tocan como sus casas chicas (o cajas, pero pa’l caso es lo mismo). El único consuelo es esperar que algún día termine esta fábula en la que nos han metido y que de verdad la moraleja se llegue a convertir en profecía. ¿Cómo se vería la “Profe” con dientes de oro? (disculpen si la imagen les hace tener pesadillas). Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeilar” a: arhg68@gmail.com; prometo responder a toda manita que se tome el tiempo de hacerlo.
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