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“No eres tú, soy yo”, ¡Ah, divina frase para zafarte de cualquier compromiso! ¿Por qué cuando no quieres armar más “panchos” recurrimos a ella? Me ha dado a pensar (en serio, a veces pasa) que es muy efectiva porque al echarnos la culpa creemos que la otra persona se sentirá aliviada de saber que la bronca es de uno y que ella o él están bien. ¡Óleeeeeeeee! dirían los más. Otra razón se debe a que siempre de los siempres todo lo que nos ocurre es culpa de los demás; si nos despiden por fodongos, resulta que nuestra explicación es que “yo no voy a adivinar que el jefe quería los reportes que me encargó para la presentación”. Otro ejemplo: andas como caballo desbocado en la reunión y por tu tarugada tiras el jarrón en el que estaban las cenizas de la abuela, todo enfrente de todo el pleno, y la primera frase que sale es “yo no fui” o “¿ya ves? ¿por qué me persigues? Ya tiramos (quimosabi) a la abuela”. Seguro todos tenemos un ejemplo así (del amigo del primo que apenas conocemos, claro está). Suena chistoso, pero es un justo parámetro para encontrar nuestro alto grado de irresponsabilidad. Esa falta de calzones para aceptar que ambos chocamos en el cruce porque yo iba hablando por teléfono en el coche y ni siquiera me di cuenta de que me pasé el semáforo en rojo y tampoco te escuché sonar el claxon, es la que pulula entre nosotros, pero qué tal para bajarnos a hacerla de jamón con cara de “¿qué te pasa baboso, pos qué no te fijas?”. Nada distinto a lo que escuchamos después de cada partido de futbol de parte del equipo derrotado, diciendo que el árbitro los perjudicó, en vez de ajustarse los shorts y aceptar que el rival anotó más goles que ellos y ni hablar más. Sabemos que la cosa está canija por cualquier lado y tema, pero tampoco en nada ayudamos diciendo que todo lo malo es sólo por culpa de los demás; decimos que nuestras ciudades son un verdadero cochinero (en la más extensa de las connotaciones), pero somos incapaces de tirar la basura en un bote hecho para ello; que los políticos no hacen su trabajo (cosa verita sin duda), pero no hacemos nada para señalarlos y obligarlos a rendir cuentas; que las leyes están para hacerlas cumplir, pero sólo las traemos a colación cuando nos conviene y después regresan al baúl de la letra muerta. ¿Qué tal la alianza que se fragua en el Estado de México entre PAN y PRD? ¿No que -según los perredistas- tenemos un espurio por presidente? Dejémonos ya de hacer majes con todo. De verdad; llega un momento en que cinismo es igual a idiosincrasia y ya no tiene gracia. Dejémonos de buscar chivos expiatorios de nuestros errores e ineptitudes; si la regaste, arréglalo; si lo tiraste, levántalo; si te dicen el “calcetín” (porque sólo abres la boca para meter la pata), mejor no hables; si eres diputado, aprende a leer; si eres policía, arresta a los ladrones, no te unas a su club; si eres legislador, aprende de leyes; si no pueden, renuncien. Si vamos a aplicar el “no eres tú, soy yo”, que sea para comenzar por nosotros mismos y no sólo para cortar con la novia. Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeilar” a: arhg68@gmail.com. Prometo responder a todo chivo que se tome el tiempo de hacerlo.
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