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¡Ah, los Tiempos!

¡Ah, los Tiempos!

Andrés Helguera
De mi Ronco Pecho

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En la semana recibí (entre uno que otro vituperio) el correo de nuestro lector Enrique Millán (me imagino que es con acento; si no, entonces habrá que quitarlo con corrector), en el cual platica respecto la problemática de algunos adolescentes que se refleja en la salida rápida y cómoda para omitir (o peor, transmitir) la indolencia parental. Eso me mueve a reflexionar sobre los famosos “tiempos”: los míos, los tuyos, los de ellos y ellas, los de la abuela, etcétera.
Cada generación habla de sus tiempos, ya sean pasados o futuros, pero difícilmente se ubica en los actuales; sabrás que estás chocheando cuando te escuches decir: “…en mis tiempos…” al llamar la atención de tus hijos o para platicar algo.
Seguro habrán oído la tradicional frase de que “todo tiempo pasado fue mejor”; no le hagan caso, eso sólo lo repiten quienes añoran (y se atoran) en el pasado. También con seguridad, alguno de sus hijos, alumnos o cualesquiera ya les dijo: “eso era en TUS tiempos”… ¡cálmense cibernéticos! De acuerdo con mi perspectiva, desde que nací y hasta que cuelgue los tenis, éstos serán siempre MIS tiempos.
A todos nos parece que las épocas son distintas (y lo son en muchos sentidos); sin embargo, los problemas personales sólo cambian de actores y siempre estamos en educación continua. Por más librajos de “cómo ser padres, adolescentes o personas” pululen en las librerías, nada como la prueba y error reales para tratar de entender algo.
No es extraño haber escuchado a la abuela o bisabuela decir que “en los tiempos de don Porfirio, o de mi general, o de Miguelito (Alemán) o Uruchurtu o San Juan de los Palotes” todo era distinto, mejor.
La violencia, el robo, el asesinato, etcétera, no son nuevas adquisiciones de ningún país, como tampoco son el modus vivendi exclusivo de las personas que ahora nos toca habitar este planeta; si seguimos la Biblia, Caín matando a Abel comienza una tradición perenne de tomar ventaja del débil (como quizá cualquier otro animal); si no la seguimos, podemos saber que los propios homínidos se mataban entre sí para quedarse con la “Jane” de la prehistoria.
Viniéndonos un poco más acá, podemos observar que no es que la violencia haya aumentado, pero sí las miles de maneras de enterarte de ella; tampoco es que se esté exagerando y tratar de seguir viviendo en el país de “nunca pasa nada”, en el que fácilmente se
podía cubrir cualquier crimen con el sólo hecho de hacerlo en lo oscurito y no pasarlo a los diarios; hoy estamos llenos de equipos electrónicos capaces de desnudar cualquier operación por debajo de la mesa (o descaradamente encima de ella, con ligas incluidas).
Las apariencias engañan pero, ¿qué tal cuando nos intentan engañar con las apariencias? No pasa nada, la recesión económica es sólo un catarrito… n’ombre; se exagera sobre la violencia en México; sólo existen los asesinos solitarios… y después nos extraña la orfandad política en la que vivimos en MIS, en TUS y en SUS tiempos.
Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeilar” a: arhg68@gmail.com. Prometo responder a todo homínido que se tome el tiempo de hacerlo.

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