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La Consabida Impuntualidad

La Consabida Impuntualidad

Andrés Helguera
De mi Ronco Pecho

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Si hay algo que distingue a nuestra raza de bronce es la capacidad para seguir guiando nuestras horas y momentos a través del Sol; los relojes son meros objetos de presunción. Se sabe que si la invitación para los bodorrios, bautizos, cenas y demás dicen “a las 8:30”, en realidad el evento será a las 9:00; por eso llegamos a las 9:30.
La tradicional respuesta a “¿a qué hora nos vemos?” es “…como al mediodía”; es decir, a la hora que nos venga en gana, porque nunca especificamos qué es un medio día: si tomamos las 24 horas, sería “como a las 12”; si sólo (hay que ponerle acento hasta que llegue el 2011) tomamos la parte que corresponde a la luz del día (entre la seis de la mañana y las siete de la tarde), entonces sería “como a las 12:30”; entonces… ¡por qué demonios llegamos a las cinco de la tarde!
Recuerdo algunos domingos en que mi entonces novia (ahora esposa) me invitaba a su casa a comer: como todo un lord (y para quedar bien con la “proxi-family”) llegaba a la cita, pero nomás veía cómo se la pasaban en el güiri-güiri y nada, que las viandas seguían tan frías como el invierno en Canadá; llegaban las seis de la tarde y mientras mis tripas se comían unas a otras, finalmente arribaba el ágape (después se sorprendían de que comiera como pelón de hospicio).
Será cuestión de idiosincrasia o de la mano del chango, pero la impuntualidad latina es una pandemia para la que no existe vacuna; siempre llegamos tarde y después andamos chillando que no nos alcanza el tiempo para nada.
Lo peor del asunto es que hay gente a la que la puntualidad le viene tan guanga como la responsabilidad y trabajo a los diputados, asambleístas y jauría que los acompaña; simple es ver que en México, por ejemplo, la mitad de las obras del Bicentenario se inaugurarán en el 2011 o 2012 si bien nos va, pero sólo sorprende al ingenuo que no toma como verdad eso de predicar con el ejemplo.
Después de más de un año de la vergonzosa tragedia de la guardería ABC en Hermosillo, Felipe Calderón se dignó aparecerse con los padres de los niños asesinados por la negligencia para preguntarles qué necesitaban (hay que ser…).
Pasó más de una semana para que el mismo Felipillo diera sus condolencias a las familias de los michoacanos emboscados
y asesinados en su trayecto a Acapulco, pero nada de soluciones; y aprovechando el viaje mandó el mensaje de que “no debemos permitir que el ‘narco’ se infiltre en la política…” (a mí me gusta el humor negro, pero el de Felipe ya entra en la calidad de “Gore”).
Siguen pasando los días y don Felipe le sigue echando la culpa al cambio climático por las inundaciones (encharcamientos diría el “Carnal” Marcelo) en el Sureste; nadie niega el cambio climático, pero encrespa el pelambre ver que se menciona únicamente como pretexto de lo que no se hizo.
Si así es el mandamás, ¿qué se puede esperar del resto? Fox decía “¡Hoy, hoy, hoy!”, pero jamás dijo a qué hora; seguimos esperando los beneficios de un país eminentemente petrolero, los avances en la educación que la “Maestra” (de la transa) vocifera cada vez que se reúne con sus esbirros para ya sea darles Hummers o recibir bolsas Louis Vuitton… seguimos llegando tarde a todo porque creemos que nos van a esperar toda la vida; ya p’a qué.

Cualquier comentario o vituperio lo pueden “imeilar” a: arhg68@gmail.com, prometo responder a todo impuntual que se tome el tiempo de hacerlo.

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