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La semana anterior nos quedamos en poner un término adecuado para designar a los que antes se les denominaba “minusválidos” (que en la actualidad resulta un adjetivo muy calificativo y políticamente incorrecto) y la retroalimentación obtuvo varias respuestas: inválido (pero esto diría “que ya no vale”), incapacitado (que significaría “que no tiene capacidad)”, discapacitado (cuasi ídem a la anterior) y personas con capacidades diferentes (grupo en el que entraríamos todos, porque cada quien hace lo que puede y como puede, con distinta destreza). En fin, el hecho es que seguimos buscando un término que no entre como piojo peyorativo en la sana y clara conciencia de los puritanos sociales. Mientras le encontramos los tres pies al gato, podemos tomar al pie de la letra estos difíciles adjetivos que ni pintados les quedan a unos cuantos y se vale ser lo peyorativo que deseen. Acabó el Mundial de fútbol y mientras España sigue de fiesta, el equipo mexicano le hace los sándwiches para las festividades; esos sí les salen re’ bien. Con bombo y platillo arrancó el torneo Bicentenario en México (esa manía de bautizar todo con el mismo nombre), pero no encontró eco en los aficionados, quienes aún cargan con la maldición de la mediocridad de 22 baquetones (término en México para describir a una persona floja e irresponsable) que todavía piensan que los partidos los gana el que crea más oportunidades de gol, pero que los puntos se los lleva el que le atinó desmerecidamente a la redecita. ¿A poco no les quedaría lo de incapacitados? Si no pueden anotar goles o evitar que irremediablemente nos arranquen bostezos entonces no sé cómo llamarlos; veamos… si aplicamos lo de “personas con capacidades diferentes”, sabemos que hay menos peores que otros; algunos son perfectos para los anuncios de tele y otros para vivir de declaraciones como: “hicimos un gran esfuerzo, hay que trabajar más, creamos más oportunidades que ellos, pero las cosas no se nos dieron”; ¡pos’ claro, menso, las cosas no se te dan, se ganan! Grupo aparte de discapacitados lo forman nuestros afamados y vanagloriados comentaristas deportivos, que no entienden que la chamba es narrar los juegos y no convertirse en porristas de afiliación conocida; además, parece “manda” buscar la frasecita que los catapulte a la fama y a participar en torneillos de baile con las estrellas (que ya no encuentran chamba más que de bailarines), pero al momento de comentarnos un partido se avientan frases tan inverosímiles como en las siguientes situaciones: • Viene un centro al área y el rematador no reacciona a tiempo, el balón le rebota y pierde la oportunidad de anotar un gol. ¿El comentario?: “No pudo rematar porque no esperaba el balón”. ¿Pues entonces qué esperaba? ¿El tren, o una sandía? • Después de una falta, el jugador se levanta y cojea. ¿El comentario?: “Fulano de tal está cojeando visiblemente”. Pues si cojeara “invisiblemente”, entonces no estaría cojeando, ¿o sí? O mejor dicho, estaría temporalmente reducido de sus capacidades físicas (no se vayan a enojar porque diga que quedó cojo). • Después del partido, los comentaristas luchan por conseguir la entrevista con el jugador insignia que consiguió la victoria para su equipo. Al llegar, la pregunta automática es: “¿Qué sientes de haber ganado”. Qué tal si la respuesta fuera: “¡Pésimo, siento una gran tristeza por mis rivales y estoy muy deprimido!”. • Caso contrario, mismo jugador, pero que carga con la derrota: “¿Estás desilusionado o triste?”. Sin comentarios. • Además, ¿a usted le interesa a qué equipo le van los comentaristas? Más que dar la imagen de personas mortales que igual pueden zamparse un licuado de plátano por las mañanas, como usted o yo, resulta no sólo petulante, sino que inmediatamente pierden la objetividad de sus comentarios (de por sí ni quien les crea) y se transforman en miembros de la Rebel o la Monumental. La objetividad deportiva es un asunto que debe tratarse aparte y este tema lo tocaremos en otra colaboración. Por lo pronto, como dicen por ahí, a falta de flores, raíces, y esperemos que nuestros futbolistas puedan sacudirse la incapacidad, discapacidad o como quieran llamarle y convertirse en verdaderas personas con capacidades diferentes… a la alza.
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