Cuando piensas en una persona que asiste a la iglesia frecuentemente, ¿qué viene a tu mente para describirla? ¿Piensas que es una persona que busca oportunidades para demostrar aprecio por los demás y suele poner los intereses de otros por encima de los suyos? Si eso fue lo que pensaste, estas describiendo a un cristiano genuino. Si no tiene nada que ver con lo que pensaste, pues qué te puedo decir. Lee este artículo para que sepas distinguir a los verdaderos Cristianos.
Cuando pensamos en la palabra “generosidad” casi siempre viene a nuestra mente la definición de alguien que da con liberalidad. Pero el concepto de la generosidad abarca mucho más. Ser generoso significa tener una estimación por la honradez y el decoro por encima de la utilidad e interés. Ser generoso es no sólo “dar mucho” sino poner a los demás antes que los propios intereses.
Mi querido lector, en la Biblia el Cristiano es un ser generoso. El prójimo siempre es su prioridad porque el amor de Dios fluye en su vida. Siempre espera la oportunidad de demostrar ese amor a los demás. El Cristiano tiene al Dios que es dueño del mundo y suple todo lo que se necesita para poder cumplir con sus propósitos de generosidad y de bondad. El Cristiano quiere resolver problemas y entiende que el propósito de la prosperidad es la generosidad. Dios siempre prospera al que desea ayudar al necesitado, al que quiere ver por los vulnerables. Dios siempre prospera al generoso. La generosidad no sólo es un tipo de personalidad que te encuentras de vez en cuando, la generosidad es el carácter del Cristiano. Es un resultado de su fe. ¿No sabías? Quizá no te has topado con un Cristiano genuino.
Si no crees en la prosperidad entonces supongo que tampoco crees en la generosidad. Quizá tú tienes una fantástica idea de cómo resolverle un problema a una familia pobre si no tienes nada que darle. Supongo que tú conoces algún método para resolver un presupuesto familiar de quien no tiene trabajo, sin tener nada de dinero en tu bolsillo para ayudarlos. Sin dinero no puedes ayudar mucho.
Mi querido lector, cuidado con la ignorancia. Si no quieres ser generoso, la prosperidad no es para ti. Si no quieres ser generoso entonces no conoces a Dios. Quien conoce a Dios, sabe amar. Esa persona desea expresar su amor con generosidad. Es ahí donde
Dios aparece en escena y te da semilla para sembrar. Mi querido lector, Dios prospera, pero antes de prosperar primero te quita lo tacaño, lo ladrón, lo gastalón, lo descuidado, lo despilfarrador, lo avaro y te da un corazón generoso conforme al suyo.
El gastalón nunca puede ser generoso porque ya se lo gastó todo. El avaro no puede ser generoso porque sólo piensa en sí mismo. El descuidado no puede ser generoso porque todo el dinero se le pierde. El despilfarrador no puede ser generoso porque no ahorra para las oportunidades de generosidad. El cristiano puede ser generoso porque Dios le ha dado sabiduría para manejar con cuidado el dinero y espera las preciosas oportunidades para ser generoso. Y cuando esas oportunidades aparecen, el cristiano causa que otros den muchas gracias a Dios. Y, por supuesto, Dios lo recompensa con gran abundancia para que su generosidad sea constante.
Mi querido lector, la forma en que tratas tu dinero habla del tipo de corazón que tienes. Quizá te falta sabiduría porque aunque eres generoso no cuidas tu dinero para poder mostrar tu generosidad. Quizá te falta tener un corazón generoso, porque aunque eres bueno con el dinero el prójimo no te interesa. En ese caso lo que necesitas es conocer a Dios, porque cuando lo conozcas la generosidad será una expresión natural de tu fe.