Quantcast
  elhispanonewspaper.com
elhispanonewspaper.com Mayo 24, 2012,
pixel
 
11px
11px
Búsqueda
web noticias videos fotos
yahoo
11px
11px
 
 
 
Columnas

Comparte esta columna enviar imprimir
interior 12
Digg this   Del.icio.us     Google   NetScape   Furl
tamaño Menos TextoMas Texto
Autoestima

Autoestima

<< Anterior | Siguiente >>

Por Pastor Ana Sweet
Cuando llegas a la tienda y ves el precio de un producto, ¿te has puesto a pensar cómo se decidió el valor de ese artículo? El precio de un producto se decidió al considerar sus costos desde su producción hasta el momento en que lo ponen al alcance del cliente en el estante de un establecimiento. Ese precio se consideró cuidadosamente y a muchos expertos se les pagó un salario para que llegaran a un precio. Se hicieron investigaciones de mercado, se hicieron comparaciones y se analizó la necesidad del cliente. Cuando la necesidad de un producto es alta (a eso le llamamos demanda), entonces el precio es alto. Cuando la necesidad de un producto es poca, entonces el precio es bajo. ¿A dónde quiero llegar con esto?
El título del artículo lo dice todo. Hablemos del estimado que tú mismo hiciste sobre tu producto. En este caso el producto eres tú. A ese estimado le llamamos “autoestima”. Quiero que meditemos en el valor que tú le has dado a tu vida. El valor que tú le has dado a tu persona determina cuánto estarán dispuestos a ofrecer por tus servicios. El estimado que tú haces sobre tu persona determina en cuánto te valuarán los demás. ¿Meditas en eso?
Para un producto se requiere mucho tiempo y dinero sólo para llegar al precio correcto. ¿Has tomado con ligereza el valor que tú tienes? ¿Inviertes tiempo en analizar lo que eres, lo que puedes ofrecer, tus talentos y habilidades; lo que te hace diferente a los demás, lo que te hace indispensable en la sociedad, lo que tú puedes ofrecer que nadie puede igualar? Tienes una etiqueta invisible. Es ese precio que te has puesto al hacer un estimado de tu persona. La etiqueta se llama autoestima. Todos lo pueden ver y conforme a esa etiqueta te tratan. ¿A quién le diste permiso y autoridad para establecer tu valor? ¿Quienes influyeron tanto en ti con sus palabras que marcaron tu vida y te ayudaron a establecer ese precio?
Tu autoestima es tu propio estimado de tu persona. Pero la manera en que llegamos a ella es por lo que oímos. Tu autoestima depende de a quienes oyes. Aquellos que tienen permiso de hablarte fueron poniendo cada “dígito” a la etiqueta con sus palabras. Fueron marcando un valor en tu corazón con sus opiniones y sus declaraciones. Dime a quien
oyes y te diré cómo está tu autoestima.
No te quejes de que pagan poco por lo que eres. No te quejes de que valoran muy poco lo que tú eres. Tú le pusiste precio a tu vida; ofrecen lo que tú dices que vales y te valoran conforme al estimado que haces de ti mismo. El producto no se puede quejar de que pagan cinco dólares por él. El cliente se deja llevar por la etiqueta que muestra el precio. El cliente es inocente en esto. De la misma manera te digo mí querido lector: tu autoestima es la etiqueta invisible que todos ven y pagan conforme a lo que ahí dice. No culpes a los demás. Deberías de meditar acerca del precio de la etiqueta. Y si debes subir el precio, ¡hazlo ya! ¿Cómo subir el precio? Empieza por cambiar tus relaciones. No todos pueden hablarte. No todos deben tener ese derecho. ¡Lo que oyes afecta tu vida!
Y antes de hacer tu lista de quienes tendrán permiso de hablarte, considera oír a tu Creador. Si hay Alguien que puede aportar los dígitos correctos es tu Creador. El sabe cuánto vales, y además te puso un precio muy alto. El precio El lo pagó. Jesús de Nazaret pagó el precio por ti, y ahora le perteneces. Lo pagó al morir en la Cruz del Calvario.
En esta vida no puedes ofrecerte a una sociedad por menos de lo que vales. Esos sentimientos de tristeza, esos sueños de que te amen de verdad, esos deseos de que te den otro trato son muestras de que en lo profundo de tu ser algo te dice que vales más de lo que la gente ofrece por ti. Y por eso estás leyendo este artículo. ¡Vales mucho más!
De tal manera te amó Dios que dio a Su Hijo por ti. Por Su sacrificio te perdonó y ahora eres realeza. No te vendas como mendigo, no te ofrezcas como hijo de vecino. ¡Eres realeza! Lo que Dios demanda de ti es que creas en Su Hijo Jesús y cuando lo hagas tu vida cambiará drásticamente. ¡Tu valor sobrepasa al oro y la plata! El precio que se pagó por ti fue la sangre del Hijo de Dios, Jesús de Nazaret. Mi querido lector, ¡quítate esa etiqueta ya! Y estudia la Biblia, pues encontrarás tu valor en ella.

<< Anterior | Siguiente >>

  enviar imprimir
interior 8px