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Por Pastor Ana Sweet Hace unos días supe de un matrimonio que está pasando por muchos problemas. Todo iba bien, porque por fin habían encontrado un programa de consejería que les llevó de la mano por un proceso tratando de resolver lo que estaba causando daño a su relación. Ambos asistían fielmente. Poco a poco fueron encontrando el camino a una solución. Pero la esposa inesperadamente se topó con un dolor insoportable mientras trataba de sacar de las profundidades del alma los recuerdos del pasado. Para que la consejería funcione debe haber transparencia y el ser humano debe estar dispuesto a enfrentarse con su pasado, quitar las lápidas que puso sobre los eventos dolorosos y traerlos al presente para tratar de averiguar qué es lo que pasa con su alma hoy. Todo fruto es consecuencia de una raíz. Es importante que el ser humano cuente su historia, abra la caja de pandora y busque la raíz que causa que aparezca el fruto desagradable que ahora manifiesta problemas en sus relaciones. Pero el pasado es doloroso. ¡Recordar duele! Hablar de eso es casi insoportable. Y ella renunció a la consejería. Ahora se encuentra sin saber qué hacer. A menudo los eventos de nuestra vida se enredan con todas nuestras emociones y se convierten en una madeja que impide ver con claridad la resolución de problemas. Se acumulan y de pronto el ser humano se encuentra en un laberinto sin salida. Es ahí cuando los programas que se especializan en la psique son muy oportunos para ayudar al ser humano a “desenredar la madeja” y poner orden a su mente. Para que estos programas tengan éxito, la persona que necesita esa ayuda desesperadamente debe estar dispuesta a recordar, a hablar de lo que más duele, a contar su historia. Tiene que hablar mucho. He escuchado que para que un programa de este estilo funcione, el paciente debe hablar mucho más que el experto. Debe estar dispuesto a descargar su alma, no importa lo doloroso que esto parezca. Para esta pareja que te mencioné, mi querido lector, eso fue insoportable. ¿Hay esperanza? Mientras escuchaba esa triste historia me podía imaginar la desesperación. Podía ponerme en los zapatos del esposo, quien desea que su matrimonio funcione, pero se encontraron en un callejón sin salida. El alma no pudo cooperar más. Por favor compréndeme, yo no tengo mucho conocimiento acerca de la psicología y quizá no estoy describiendo el proceso con maestría. Por otra parte, jamás quiero que pienses que no estoy a favor de sus estrategias para ayudar al ser humano a través de la consejería. Al contrario, estoy a favor. La psicología es excelente, y ayuda muchísimo. Tengo conocimiento de casos que se resolvieron por encontrar al consejero perfecto. Mi punto en este artículo es, ¿qué pasa cuando es insoportable para el paciente? ¿Qué pasa cuando a la mitad del proceso uno de ellos renuncia y no puede más? Mi querido lector, si hoy te encuentras en una situación similar, te suplico que pongas mucha atención. Quiero presentarte la solución que Dios propone para la sanidad del alma. Antes de que te incomodes, quiero decirte algo: lo que Dios propone no duele. ¿Tengo tu atención? El ungüento que sana el alma por completo se llama “Evangelio”. El Evangelio no te pide que cuentes tu historia. Te pide que escuches la historia de Cristo, y al escucharla penetrará lo profundo de tu alma. Visitará lo más profundo de tu ser, donde están todas tus heridas, y las sanará. Dios no quiere oír tu pasado. Dios quiere sacarte de tu pasado presentándote una imagen clara de tu futuro. El dice “Las cosas viejas pasaron, he aquí yo haré cosas nuevas”. Dios no desea que te eches un clavado al mar de los recuerdos. El quiere que dediques toda tu atención a lo que Dios hará en tu futuro y mientras escuchas el Evangelio tu pasado quedará resuelto. El no espera oírte hablar, El quiere que tú escuches Su Palabra y mientras la escuchas quedarás libre de la prisión en la que te encuentras. El no espera que hagas un recuento del pasado, El perdonó tu pasado y lo olvidó. Su Palabra dice “No recuerdes las cosas pasadas y no traigas a memoria las cosas antiguas. Yo voy a hacer algo nuevo”. Lo que Dios propone para sanar tu alma no duele, sana. No lastima, te hace descansar. No te expone, te cubre. No te desnuda, te viste. No te humilla, te exalta. No te hace llorar, te da alegría. No te culpa, te perdona. No añade peso, te quita tus cargas. El Evangelio es la historia de Cristo, Sus buenas noticias te sacarán para siempre de tu pasado y te llevarán a un futuro glorioso diseñado por Dios. Deja que Dios sane tus heridas. Sólo ve a escuchar urgentemente a un enviado de Dios que te explique el Evangelio. Esas Palabras contienen el poder de Dios para salvarte del infierno en que te encuentras. Las estrategias humanas están limitadas. Por eso los doctores continuamente dicen “Sólo un milagro lo puede salvar”. Mi querido lector, es tiempo de que experimentes por ti mismo el poder de Dios en tu caso. ¡Despídete de tu pasado! ¡Es tiempo de escuchar el Evangelio!
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