|
En estos tiempos el tema del dinero es muy frecuente desde el púlpito. Por un lado, la gente tiembla de miedo porque piensan que está mal tocar el tema en la Iglesia. Por otro lado, los predicadores podemos excedernos y “resolver con dinero” todos los problemas del ser humano: “si quieres que Dios salve tu casa, sólo da dinero”, “si quieres que Dios resuelva tus problemas, sólo da dinero”, “si quieres que Dios te dé una promoción en tu trabajo, deja una buena ofrenda”. Mi querido lector, una buena ofrenda no resuelve todos los problemas. El no apegarnos al texto Bíblico nos conduce a abusos, a torcer el texto, o al extremo opuesto de tenerle miedo al dinero, como si Dios fuera el peor enemigo de la prosperidad. Los temas del “dar” están muy bien explicados en la Biblia, y cuando te apegas a lo que ella dice, el principio del “dar” funciona. Pero te repito: Dios no decidió resolver todos tus problemas de salud, de salvación, de tu familia, de trabajo, mágicamente porque soltaste un buen cheque. No, mi querido lector. Quizá como predicadores tenemos mucha culpa por enseñar mal, pero tú no debes caer en una falsa enseñanza si te propones estudiar a fondo en todas las traducciones posibles lo que el texto bíblico enseña. Un tema que casi nadie toca, y que es demasiado importante, es que “Dios no siempre recibe nuestras ofrendas”. Si Dios no las recibe, entonces lo sobrenatural que debemos esperar tampoco vendrá. No habrá cosecha, no habrá multiplicación, no habrá resultados. El predicador recibirá la ofrenda, pero Dios no. ¿Cuándo es que Dios no recibe nuestras ofrendas? La Biblia cita casos muy dolorosos en los que Dios prohibió que se abrieran las puertas del templo y que se prendiera el fuego en el altar porque no estaba dispuesto a recibir las ofrendas de Su pueblo. ¿Qué causó ese furor? ¿Qué fibra tocaron del corazón de Dios que lo hicieron reaccionar de esa manera? El sabía que si recibía sus ofrendas estaría obligado a bendecirlos abundantemente y, por lo tanto, no recibiendo sus ofrendas les estaba cerrando la puerta de una bendición financiera sobrenatural. En el nuevo testamento Jesús de Nazaret también mostró desagrado por ciertas ofrendas. En ese caso El explicó que no quería recibir una ofrenda que después bendeciría, si había pleitos, contiendas o problemas con el prójimo. Jesús de Nazaret mismo ordenó: “si tienes algún problema con alguien, o alguien tiene un problema contigo, deja tu ofrenda y ve a reconciliarte con tu prójimo, y cuando lo hagas puedes traerme tu ofrenda”. Mi querido lector, Dios quiere bendecirte, pero no envía Su bendición donde no hay armonía. No sólo es importante honrar a Dios con nuestros bienes sino también hacerlo en un ambiente de paz. No podemos llevar ofrendas en nuestros bolsillos y contiendas en el corazón esperando que Dios esté listo para bendecirnos desde que nos ve llegar. El dinero es una herramienta para ser de bendición para otros, para ver por las necesidades ajenas, para suplir a los necesitados, para hacer que Su Iglesia siempre se mantenga de pie. A cambio, Dios te califica como un buen administrador y te puede confiar grandes cantidades de dinero porque sabe que entiendes el propósito del mismo. Pero si tu carácter demuestra ser uno que desprecia a los demás, que hace daño y maltrata, que no le importa el prójimo, no le importa estar en paz con todos y no tiene la mínima intención de ser un vehículo que Dios use para bendecir a otros, ¿cuál motivo tendría Dios de llenar tu cartera de billetes? Nunca digas “si tuviera más dinero yo sería generoso, y sería muy diferente a lo que soy ahora”. Mi querido lector, el dinero no te cambia, sólo magnifica lo que ya eres. Si con lo poco que tienes ahora eres gastalón, con mucho dinero serás un gran gastalón. Si con el poco dinero que tienes eres tacaño, con mucho dinero serás un gran tacaño. Si con el poco dinero que tienes no buscas la paz, no ves por los demás, no tienes interés en bendecir a otros y poner a disposición de Dios lo que pone en tus manos, ¿tu crees que Dios te llenará de dinero para magnificar lo que ya eres? ¡No! Te animo a que ames al prójimo, busques la paz con todos, uses tu dinero sabiamente y cuando vengas a la casa de Dios con las manos llenas prepárate para ver una multiplicación financiera. Serás el candidato que Dios está buscando para causar una gran diferencia en la sociedad. ¡Y tu casa será altamente recompensada!
|
|