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Por Pastor Ana Sweet Hay muchas cosas en nuestra vida que están fuera de nuestro control. Parece que podemos tomar la decisión de salir con una sonrisa de casa, de despertar con la mejor actitud posible, de tener las mejores palabras en nuestra boca para encontrarnos con un nuevo día. Pero de pronto, te das cuenta de que hay hostilidad a tu alrededor y que parece que otros tomaron una decisión muy diferente a la tuya. Parece que otros se despertaron diciendo: “Hoy es el día perfecto para fastidiar a alguien; me tomaré un jugo de amargura, una cucharada de hígado, unas cuantas pastillas de hiel y me las pasaré con jugo de pepinillo”. No es nada fácil mantener tu decisión cuando te topas con éste tipo de gente. ¡Y vaya que abundan por las calles! Eso me lleva a tomar la decisión número dos. Voy a influir en mi ambiente. Otros pueden decidir darte una mala experiencia, pero, mi querido lector, quiero darte un consejo sabio: “Tú decides cuál será la duración de cada experiencia siempre”. Alguien te entrega un producto en tus manos. Ese producto se llama “mala actitud”. Te entregan una experiencia, un gesto, una palabra, una mala cara. Pero tú decides cuál es la fecha de expiración de esa experiencia. Tú puedes influir en tu ambiente siempre. Nunca estás en manos de nadie. Si hoy tuviste una mala experiencia, no tiene por qué acabar con tu día. Puedes darle un giro a esa situación en cualquier momento. Nadie puede arruinar tu día. La hostilidad te espera allá afuera, pero tú tienes el volante. Tú tienes el timón. No podemos controlar las expresiones de otros pero sí podemos controlar nuestras reacciones. Y jamás serán las expresiones ajenas las que causarán la infelicidad. Tus reacciones por otro lado son las que determinan cuánto durará ese mal momento. Tus reacciones a esas expresiones determinarán si lo que debía durar cinco minutos se convierte en un día amargo, una semana triste, un mes adolorido o una visita al hospital con algún tipo de inflamación estomacal. Mi esposo y yo fuimos a un Starbucks por un “doppio expresso machiato”. Uuufff, todavía no me aprendo su vocabulario. Pero en otras palabras, ese es mi “levanta muertos”. Acababa de aterrizar de un vuelo bastante pesado. Tuve una preciosa semana dando un seminario en la ciudad de Tucson, pero me sentía agotada. Entramos a la cafetería y nos dimos cuenta de que no éramos los únicos agotados y agobiados. Había una cola larga de gente, con las caras igual de largas que la cola en la que estábamos. Y de pronto, algo pasó. Mientras esperábamos nuestro turno para pedir nuestro café, una de las empleadas, quien entregaba a cada cliente su café con nombres imposibles de pronunciar, dio un giro al ambiente. Cada vez que entregaba un café daba un grito de alegría como si entregara la solución a todos los problemas. Pegaba un grito fuerte como si hubieran metido un gol. Y pudimos ver cómo una cola de gente con caras largas se convirtió en sonrisas, carcajadas y empezamos a gritar con ella cada vez que entregaba otro café. Mi esposo entonces volteó a verme con una sonrisa y me dijo “Amor, debes escribir en el periódico acerca de este momento”. Entramos a la cafetería con cara de agobio y salimos con una sonrisa en nuestros labios. Mi querido lector, podemos influir en nuestro ambiente como lo hizo esa mujer en la cafetería. Y ella no lo hizo buscando que otros respondieran a su alegría, pero ella tomó la decisión de alegrarse y demostrar su decisión haciendo algo diferente y eso cambió el aire de ese lugar. No digo que el café resuelve el problema del agobio, pero ella entregaba sus cafés como si fueran la solución. ¿Qué puedes hacer en este momento para cambiar tu ambiente? La Biblia dice que para el que está afligido todos los días son malos. Pero para el que está contento son una fiesta constante. Vamos, mi querido lector, toma la decisión de influir en tu ambiente en este momento. ¡Convierte tu día en una fiesta! Ponte a silbar, suéltate el pelo, quítate los zapatos, ríete a carcajadas sin motivo, cuenta un chiste y ríete aunque nadie se ría; da un abrazo fuerte, súbele a la radio, baila sin sonaja y recuerda que Dios nos dio la vida para disfrutarla. El no nos saca de la hostilidad, nos enseña a vivir felices en medio de ella. Y lee tu Biblia, porque es el mapa de la felicidad en medio de la hostilidad.
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