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Por Pastor Ana Sweet Mi querido lector, quizá este título te parece un escenario totalmente imposible. Pero en este artículo quiero presentarte la manera de pensar de Jesús de Nazaret y las noticias que vino a darnos. En algo estaremos de acuerdo tú y yo: todo lo que Él anunció es imposible para el ser humano. La Biblia es el libro de las “imposibilidades”. Así que si tú tienes situaciones imposibles, la Biblia es el libro que necesitas porque Dios es experto en la materia. Dios hace lo imposible, y a nosotros sólo nos pide que le creamos. Cuando escuchas una noticia, tu única responsabilidad es aceptarla como la única verdad, y esperar que suceda tal cual te la dieron. Así funciona la fe. Así como el dólar es la moneda para obtener lo que necesitas en éste país, la fe es la moneda para obtener lo que necesitas del cielo. Si no la tienes, no sacas nada de ahí. Los imposibles de la Biblia están a tu disposición si tan sólo estás dispuesto a creer en la persona que vino a dar esa noticia, esto es, Jesús de Nazaret, y estas dispuesto a considerar la noticia como la única verdad. ¿Después qué sigue? Que veas materializada la promesa que Dios hizo. Entonces para decir que tienes la fe genuina que funciona como la moneda para obtener algo del cielo, debes seguir estos tres sencillos pasos: Creer que Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios, creer a la noticia que leíste de la Biblia y considerar que ahora que la creíste lo único que tienes que hacer es esperar pacientemente a que suceda. Así es como un imposible se convierte en una realidad. Dios hace que creas a lo imposible y puedas ver lo invisible. Dicho lo anterior, la hostilidad no es el problema más grande que tenemos. Jesús de Nazaret anunció que en el mundo habrá aflicción. Pero nos pidió que confiáramos en Él porque el sistema de este mundo hostil ya fue vencido. Y tú lo puedes vencer si tan sólo confías en Él. Dios no te saca de la hostilidad; te enseña a vivir en medio de ella y vencerla. No hay un lugar en este mundo donde la hostilidad no nos alcance. Todos los días, cuando menos lo esperas, la hostilidad se manifiesta. Lo que la hostilidad causa es que perdamos la paz, perdamos la alegría y se nos arruine el día. ¿No sería mejor que Dios nos saque de todo ambiente hostil? ¿No sería bueno que Dios controle la lengua de todos los que tenemos alrededor para que no saquen ese veneno que nos arruina? No sería mejor ¿que nos meta en el trabajo perfecto, con el jefe perfecto y los compañeros perfectos? ¿No sería mejor que Dios impida que la persona cargada de hostilidad se nos acerque para que no mande nuestro gozo al pozo? Sin embargo, eso no es lo que vino a anunciarnos. Vino a ofrecer una vida de paz y de gozo, además de una vida llena de sus bendiciones en este mundo lleno de hostilidad. Entonces, Dios vino a tratar con los efectos de la hostilidad dentro de nosotros, en lugar de alejarnos de ella. Jesús oró un día y dijo “No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal”. Te quiere aquí, en un mundo hostil, pero protegido, feliz, en paz y bendecido en abundancia. Mi querido lector, Dios puede llevar el corazón del ser humano a unos niveles inimaginables. No sólo quiere darnos todo lo que necesitamos, también nos quiere enseñar el arte para disfrutarlo en medio de la hostilidad. En este mundo disfrutar es posible, pero que te dure el gozo es casi imposible. Los momentos que disfrutamos se acaban demasiado rápido. ¡Porque la hostilidad está en todos lados! Alguien llega y te dice una mala palabra, o te hacen una mueca, o te levantan la voz, o no te saludan, o te insultan en la carretera, etc. ¿Cuánto te dura el gozo a ti mi querido lector? Dios vino a enseñarnos el arte de disfrutar en medio de la hostilidad. El dice que nos dará todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. No está dispuesto a dejarte así como eres, incapaz de disfrutar nada porque por cualquier cosa te arrebatan el gozo. Por lo tanto, está abierta la escuela llamada “Arte de disfrutar”. Cuando te gradúas de esa escuela, vienen dos cosas: Todo en abundancia y un gozo que soporta la hostilidad. El dijo que la bendición de Dios enriquece y no añade tristeza con ella. Así que hay una vida que nos ofrece donde el gozo nos permite soportar la hostilidad y disfrutar la bendición. Mi querido lector, Dios ofrece una vida muy distinta pero quiere que disfrutes de ella. Considera esto y te animo a que abras una Biblia y empieces a recibir las noticias que vino a darte y dejes que transforme tu vida de adentro hacia afuera. Serás como un barco que nunca se hunde en medio de la tormenta, porque aunque flotas en medio de un mar embravecido y hostil, aprendes a que el agua jamás entre a tu barco. Jesús no sólo puede calmar la tempestad; también puede mantenerte a flote sano y salvo en medio de ella.
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