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El Herido Hiere

El Herido Hiere

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Por Pastor Ana Sweet
El tema del amor es algo muy conocido; lo oímos desde nuestra infancia. Llegamos a los brazos de dos personas que nos tomaron y encomendaron la tarea de amarnos. En el hogar aprendimos lo que el amor es, lo que el amor significaría para nosotros y eso que nos enseñaron con palabras, gestos y caricias nos entrenó para salir al mundo a amar a otros. El amor que nos dieron nos enseñó lo que el amor es, no importa si el significado del diccionario diga algo diferente a lo que aprendimos.
Mi querido lector, ¿cómo fue el aprendizaje del amor en tu caso? ¿Te dijeron que te amaban? ¿O tuviste que dar por hecho que te amaban aunque con sus palabras tus padres nunca lo expresaron? ¿Si acaso no lo expresaban con palabras, lo expresaron con caricias? ¿Recibías abrazos y besos de tus padres, palmadas en la espalda; te tomaban de la mano de una forma amorosa al caminar? ¿Te despertaban con un beso y así era como te despedían en las noches también? ¿O en tu caso, como es el caso de muchos, sabías que te amaban, pero sus caricias no lo expresaban y te daban razones como, “a mí nunca me abrazaron”, “hazte para allá que tengo calor”? ¿Aprendiste a llegar a la conclusión de que “te amaban a su manera”?
Aunque el diccionario dice que el amor es una cosa, a ti te lo enseñaron muy diferente. No importa lo que diga el diccionario, lo que aprendiste en casa definió tu propio significado del amor.
Mi querido lector, no estás solo. Ellos hicieron lo que pudieron. Te dieron lo que podían darte porque quizá ellos a su vez sólo te estaban dando el tipo de amor que ellos recibieron en su infancia. La realidad es que el “herido hiere” y si tuviste una mala experiencia con los que prometieron amarte y te dejaron herido, es porque ellos a su vez fueron lastimados.
Ahora el reto que tengo para ti es este: ¿qué tipo de amor deseas demostrar tú? No pongas la excusa de que sólo puedes dar lo que te dieron a ti, o que no puedes dar lo que no tienes. ¡Las siguientes generaciones merecen otro tipo de amor!
Por favor considera lo que estás leyendo y detente por un momento. El amor es no hacer daño. Esa es la
definición bíblica. El amor humano está lleno de imperfecciones, de carencias y de limitaciones. Ese amor te convirtió en un ser arisco, desconfiado, desilusionado y quizá hasta amargado. Y no debemos juzgar a quienes intentaron amar, porque ellos fallaron quizá pero hicieron lo que pudieron. Mi punto es que tú puedes dar un giro a tu vida hoy mismo para que se cierre para siempre ese ciclo de dolor.
Hay una esperanza para ti. ¿Estas listo? ¿Estás dispuesto a soltar todas las excusas y a partir de hoy darle lugar a un nuevo camino que te llevará a amar de verdad?
Mi querido lector, te tengo una buena noticia. Hay otro amor que es perfecto y diferente. Es un amor que te satisface, te llena y te envía a amar a otros con la misma calidad de amor que Él tiene. Ese amor es el amor de Dios. La Biblia dice que si tú quieres, El puede derramar Su amor en tu corazón para llenarte, sanar tus heridas, quitar tu tristeza y para que el amor que viene de El te capacite para amar a los demás. Es un amor que no hace daño. Es un amor que cubre multitud de faltas. Es un amor que no es humano. Y, si tú quieres, puedes ser lleno de ese amor.
¿Qué debes de hacer? Sólo conocerle. El amor de Dios gobernará tu vida. Tomará el control absoluto y llevará acabo Su agenda en tu corazón: Que ames, como El te ama a ti. Su amor cambiará tu ser y las siguientes generaciones correrán a ti con sus corazoncitos sedientos a una fuente de la que fluye agua que quita esa sed emocional. No tienes que seguir siendo frío como tus padres lo fueron, no tienes que seguir siendo agresivo porque así aprendiste, no tienes que continuar como vas. ¡Tú sabes que eso no es lo que quieres ser! Mi querido lector, sólo el amor de Dios te puede cambiar. Conócele hoy!
Abre tu Biblia, lee el Evangelio de Juan y toma la decisión de ser un receptor del amor de Dios. Ese amor es lo que necesitas para amar y no hacer daño. La religiosidad te pide que cambies, pero la Biblia te pide que creas. La religiosidad te pide que actúes, pero la Biblia es la que quiere actuar en ti. La religiosidad quiere que cumplas mandamientos, pero la Biblia te enseña a
amar porque el amor cumple todos los mandamientos. Conoce a Dios y serás transformado por El. San Agustín de Hipona escribió una vez: “Ama y haz lo que quieras” ¿Y cómo amar así? San Agustín explicó: “Si callas, callarás con amor. Si gritas, gritarás con amor. Si corriges, corregirás con amor. Si perdonas, perdonarás con amor. Si está dentro de ti la raíz del amor; ninguna otra cosa sino el bien podrá salir de tal raíz”. Dios tiene la semilla que produce ese amor. ¡Conoce a Dios y amarás de verdad!

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