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Por Pastor Ana Sweet Esa frase es muy común. ¿Te has puesto a pensar en su significado? Un vaso de agua no puede ahogar a nadie. Ni siquiera puede contenerte a ti o a tu situación; ¿cómo entonces me ahogaré en un espacio tan pequeño y con tan poquita agua? Lo que nos está diciendo es una ironía. Generalmente se usa cuando una tercera persona ve nuestra condición y alcanza a ver más allá de lo que nosotros vemos. Alcanza a ver la solución o lo sencillo que es resolver el caso y, por lo tanto, nos ve ahogándonos sin razón. Es una burla sutil y tiene mucha verdad en ella. Quiero proponerte que veas ese espacio llamado “vaso de agua”, que no puede ahogar a nadie, como nuestra mente. Un gran mentor me dijo un día: “A lo único que debes temerle es a una mente cerrada”. Una mente cerrada es un vaso de agua que ahoga al más capaz, al que tiene un gran potencial pero su mente cerrada no le permite ver soluciones. Cualquier problema ahoga una mente cerrada! Una mente cerrada es un peligro terrible. Y quiero animarte; si estás envuelto en la ansiedad, en la angustia, en la desesperación, es muy posible que tu mente se haya cerrado y quiera ahogarte. Te animo a que no cierres tu mente y puedas llegar a esta conclusión: “Si esto tiene solución es cuestión de hacer las preguntas necesarias para llegar a ella. Y si esto no tiene solución, entonces es cuestión de cerrar la página, porque no tiene sentido perder el tiempo”. Una persona se ahoga en un vaso de agua porque su pensamiento es estrecho, llega a conclusiones negativas muy rápido, no consulta antes de preocuparse, no platica con Dios, etc. Tu forma de pensar es el espacio donde se forman las perspectivas. Y si tu mente se cierra, tu perspectiva es limitada y casi nunca ve la solución. Recuerda que la información es poder. Si estás atemorizado, si estás preocupado, si estás angustiado, puede ser porque no tienes toda la información respecto al problema que vives. ¿Cómo llegar a la información que me hace falta? Lo primero que te sugiero es que le pidas a Dios sabiduría para hacer preguntas inteligentes a quienes tienen la información. No pierdas el tiempo con los que no saben, o están peor que tú. Aprovecha este momento para buscar aquellos tesoros que tienes cerca, ¡donde están las respuestas a tus preguntas! Los sabios saben hacer preguntas; por eso te animo a que le pidas a Dios sabiduría y si se lo pides confiando, El te la dará sin reproche. ¿Qué es lo que hace que continuamente te ahogues en un vaso de agua? Puede ser que entres en un ciclo común cada vez que tienes problemas y es tiempo de romper ese ciclo. ¿Qué me lleva a ese punto al que no quiero ir? Volvemos al asunto de la mente. Quiero plantearte, mi querido lector, tres conceptos que te llevarán a ahogarte siempre en un vaso de agua, o que impedirán que te ahogues. Y eso sólo depende de ti. El primer punto es la imagen que tienes de Dios. Lo que tú dices con tu boca en el momento del problema me dice qué tan grande piensas que Dios es para ti. A Jesús de Nazaret unos le llamaron el “Hijo del Dios viviente”, pero otros solo le llamaron “un carpintero”. Quienes sólo lo vieron como carpintero, los únicos problemas que le llevarían a Jesús de Nazaret son problemas de puertas, mesas, sillas y tornillos. Quienes lo vieron como el Hijo de Dios le llevaron situaciones imposibles y todas las resolvió. ¿Quién es Jesús de Nazaret para ti? De eso depende lo que El haga en tu caso. El segundo punto es la imagen que otros tienen de ti. Lamentablemente, oímos a quienes no debemos oír. ¿Quiénes son los que te definen? ¿Quienes son los que han dicho lo que eres y les has creído? Eso afectará mucho tu perspectiva de tus problemas. ¡Cuida lo que oyes! ¡Elige bien a quién oyes! Y te animo a que oigas a tu creador, porque Su definición de ti es maravillosa y es el único que sabe quién eres en realidad. El tercer punto es la imagen que tú tienes de ti mismo. ¿Cuando haces un estimado de ti mismo, cuando dices quién eres y de qué eres capaz, de donde sacas esa información? No importa lo que Dios diga de ti; puede ser que tú decidas no creerlo y hacerte una opinión diferente. Puede ser que decidiste creer lo que otros dicen de ti. Lo que define como resolverás un problema es lo que TÚ dices de ti mismo. ¿Quién eres? ¿Y quién te lo dijo? Si esa información no viene de Dios, quizá tienes la información incorrecta y estas limitado. ¡Infórmate! Mi querido lector, tu mente te lleva a ahogarte en un vaso de agua. Pero hoy puede ser que tu mente te lleve a nadar en medio de un mar de soluciones. ¡Que Dios abra tu entendimiento y te conviertas en un receptor de buenas noticias!
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