|
Por Pastor Ana Sweet Este mes me tocó vivir una experiencia inesperada. Mi mentor, un hombre que fue como un padre para mí, me llamó por teléfono el jueves 14 de julio a la 1:50pm para despedirse. Me dijo “Hija, ya me quiero ir a casa. Me quiero ir con mi Señor Jesús”. No quise aceptar que lo decía en serio, pero se despidió de toda su familia, y se fue. Ese gran hombre dejó un legado. Y ahora, aunque hay nostalgia, se quedó una gran paz y felicidad porque parece que él ya tenía años preparando su despedida. No se calló ninguna enseñanza, no dejó a nadie sin consejo, no se llevó palabras que quiso decir. Terminó su tarea aquí en la tierra y simplemente no quiso quedarse de adorno. Esa era parte de su personalidad; en cuanto terminaba el propósito de su visita, él se retiraba y no permanecía ni un momento más ni un momento menos. Y así se fue, porque terminó lo que Dios le había asignado y cumplió con lo que Dios le había confiado. Puedo decir que ese gran hombre vivía cada día como si fuera el día de su despedida. Esa experiencia me hizo ver que no estamos preparándonos para nuestra partida. ¿Y por qué pensar que la vejez es cuando uno debe prepararse? Cada día que vivimos debemos cerrarlo como si estuviéramos listos para que sea el último. Cerrar el día sin nada pendiente por hacer, ninguna palabra amable pendiente por decir y ningún remordimiento por lo que se pudo haber hecho y no se hizo. Porque, mi querido lector, ¿quién está seguro de cuál será su último día? La generación de hoy debe preparar a la del mañana para que enfrenten sus retos con las mejores herramientas. Si tú tienes hijos mejores de 18 años, tú eres la generación del hoy y tus hijos son la generación del mañana. ¿Los estás preparando? ¿Dejarás en ellos el legado de enseñanza para que en tu partida se sientan agradecidos porque los dejaste bien parados, con un legado, con una herencia, con una esperanza? ¿O los dejarás con resentimiento, con muchas deudas que fueron tuyas, sin un centavo en el bolsillo y sin tener a donde ir? Mi querido lector, no importa cuál sea tu edad, es tiempo de vivir como si te estuvieras despidiendo, asegurando un futuro para la siguiente generación, dejando huellas que les aseguren el triunfo. Toma decisiones pensando en los que te siguen. Camina pensando en el ejemplo que eres. Eres el libro de recetas de la siguiente generación y practicarán todo lo que dejes ahí escrito. ¿Ese libro les llevará a la ruina, porque no te ocupaste de tomar las mejores decisiones y ser el mejor ejemplo? ¿O tu vida será el manual que les llevará a un mejor mañana porque tus recetas producen éxito y garantizan paz? Mi mentor no sólo fue un gran maestro; fue un gran padre y un gran abuelo. Tuve el honor de pasar tiempo con sus hijos y sus nietos. Y me dio tanto gusto porque ahora ellos seguirán con el llamado de alimentar a miles de niños, cuidar decenas de iglesias y enseñar con pasión, orgullosos porque tienen el ejemplo de su padre. Y si siguen su ejemplo, nunca se perderán en el camino. No sé qué pienses tú, pero yo quiero preparar mi despedida y que la generación del mañana pueda sentir que no me fui sin dejar un camino trazado que funciona, que pueden caminar con seguridad. No se trata de esperar que la generación del mañana piense como tú, sea como tú, sea tu copia. ¡Para nada! Los retos de ellos serán diferentes, sus gustos y sueños pueden ir en otra dirección, pero los principios son los que no cambian, los principios permanecen para siempre. Cuando tus pasos están basados en los principios Bíblicos, y tus hijos pueden seguir tus huellas, esos principios nunca pasarán de moda y siempre les protegerán, porque la Biblia se actualiza a las generaciones y nunca pierde su relevancia. Camina firme conforme a los principios de la Biblia, especialmente el amor, el perdón y la justicia. Aprende a vivir así y luego enséñales a vivir así con tu ejemplo; tu legado marcará a las generaciones. Me encanta que cada año celebramos con piñatas, globos, regalos, serpentinas, grandes comilonas y muchos postres nuestro “cumpleaños”. Mi querido lector, esa celebración nos dice que ya tenemos un año “menos” de vida. ¡Y debemos celebrarlo a lo grande! Pero no porque nos hacemos viejos, sino porque cada año lo cerramos bien; despidiéndonos por si acaso, porque nadie garantiza que tendremos una piñata más. El pasado está en la tumba. El futuro está en la matriz. El hoy es lo único que tienes. Ama, perdona, sé amable, sé justo, abraza, besa y vacía todas tus palabras amables que tengas. Alguien en tu vida está por irse pronto ¿y si supieras quién es tratarías a ese ser querido como lo tratas? ¡Alguien se está despidiendo! No vale la pena pelear, no vale la pena guardar rencor… Dios nos ayude a vivir de tal forma cada día de nuestra vida que traigamos al corazón sabiduría y tengamos maestría en despedirnos hoy, como si fuera el último día.
|
|