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Por Pastor Ana Sweet Una persona que cree que es la víctima de las circunstancias es incapaz de cambiar sus circunstancias. El culpar a otros y justificar sus acciones le impide hacer cambios en su vida. No puede cambiar su vida si no está dispuesto a cambiar su persona primero. Uno que cree que es víctima, ve su vida como el resultado del comportamiento de otros, en lugar de ver su vida como el resultado de sus propias decisiones. Tener mentalidad de víctima es aceptar que no hay nada que se puede hacer. Porque los únicos cambios que causarían resultados son los cambios que “otros” deben hacer. Supongamos que esa persona eres tú. ¿Y mientras tengas que esperar a que otro cambie, entonces cuál es tu trabajo? ¿Si debemos enfocarnos en los demás, entonces para qué sirves tú? Si los demás tienen la culpa entonces los demás tienen el poder para hacer una diferencia, y tú ¿para qué estás aquí en esta sociedad, en esta generación? ¿Cuál es tu aportación? Puede sonar un poco extremista, y quizá esa es mi intención. Quiero sacudirte un poco hoy y suplicarte que ya no culpes a nadie. No estás puesto aquí para observar cómo otros cambian, culpar a otros por cómo actúan y apuntar a quienes no lo quieren hacer. Estas en esta generación para resolver problemas, y uno que tiene mentalidad de víctima es estéril en su capacidad de resolver, cambiar y crear. ¿Qué podrías hacer mejor tú para cambiar tu matrimonio? ¿Qué podrías hacer mejor tú para que mejore el ambiente en tu trabajo? ¿Qué puedes hacer para que tu día no sea una carga pesada? ¿Puedes tomar responsabilidad de tus acciones y dar el primer paso? Tú no puedes cambiar a nadie. Y no tienes derecho a hacerlo tampoco. Tu vida sería mejor si empiezas a cambiar tú. Y te digo con todo el corazón… no lo hagas solo. Dios quiere cambiarte. Dios puede hacerlo. ¿Pero a aquel que piensa que no necesita doctor, cómo se le puede sanar? Es imposible que alguien cambie cuando no tiene la necesidad de cambiar. Y, mi querido lector, quiero expresarte con todo el corazón que Dios está tocando a la puerta de tu corazón esperando que veas tu estado y en lugar de culpar a otros por tus circunstancias corras a Sus brazos para que te quite ese corazón de piedra y te ponga un corazón conforme al Suyo. Si después de leer este artículo sientes la necesidad de mostrárselo a quien “realmente lo necesita”, quiero decirte que eso demuestra que éste artículo es para quien lo está leyendo en este momento. Vuélvelo a leer, pero esta vez no pienses en las fallas de otros. Este artículo te lo dedico a ti.
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