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Por Ana Sweet Vivir aprisa siempre traerá tragedias. Todo lo que se hace aprisa causa fracasos, accidentes y malas decisiones. Las prisas causan que los noviazgos se conviertan en matrimonios fracasados, porque no se consideraron las desventajas, no se conocieron lo suficiente, no se hicieron preguntas. Las prisas causan accidentes automovilísticos, de trenes y aviones. Muchas muertes son el resultado de las prisas. Las prisas nos hacen firmar contratos, comprar y vender para después lamentarnos. ¿Por qué no esperé? ¿Por qué no comparé precios o pedí consejo? ¿Por qué firmé sin leer las letras pequeñas? Las prisas engendran tragedias. Que estés ocupado no significa que eres productivo. El ser productivo quiere decir que siempre hay un resultado, una ganancia, un beneficio. Y para ser productivo muchas veces lo que hace falta es la calma. Debemos ayudar a nuestros niños a disfrutar su etapa, a los jóvenes a no correr en la vida. Mi mamá jamás me dejó maquillarme de niña. Siempre me dijo que no era la etapa de la vida para hacerlo. Y se lo agradezco tanto. ¡Disfruté la niñez! Y ahora que me tengo que maquillar tan seguido, quisiera no hacerlo. Eso es lo que pasa. Hoy tienes prisa para llegar al mañana, pero cuando llegues tendrás prisa para salir de ahí otra vez. Y cuando menos lo esperes ya se pasó la vida y te olvidaste de disfrutarla. Debemos simplificar la vida, saborear momentos. El hoy es un regalo, es la culminación del ayer. El hoy es más que un escalón; es un regalo de Dios. ¿Podrás atesorarlo, disfrutarlo, saborearlo, valorarlo, protegerlo, abrazarlo? ¿O vas a despreciar ese regalo y te pondrás a meditar en el mañana? ¿Será que en lugar de dar gracias por el día de hoy, ya estás cuestionando a Dios por lo que pasará mañana? Eso es faltar al respeto a un regalo, mi querido lector. ¡No lo hagas! La vida es una colección de momentos. Cada momento es una moneda corriente para intercambiarla por otra cosa. Puedes adquirir sabiduría a cambio de un momento. Cada momento que tienes, al usarlo como moneda siempre obtienes algo a cambio. Pero esa moneda tiene un tiempo de uso, una fecha de expiración. No se acumulan. Si no las usas se pierden. Qué triste sería que tus momentos del hoy, en lugar de aprovecharlos, de negociar con ellos, de hacer cambios, de leer libros, los guardaste porque te pusiste a pensar en el mañana, contaste las horas para que se acabaran. Y así fue, se agotaron. Todo para llegar a otro día, y hacer lo mismo. ¿Has escuchado a la gente que dice “por fin es Viernes”? ¿Te das cuenta de lo que dicen? ¿Ves el valor que tienen el Lunes, el Martes, el Miércoles, el Jueves? No tienen valor, porque los usaron para mirar un reloj deseando que el tiempo pase aprisa y muera para llevarme al Viernes, al “fin de semana”. ¿No te parece un desperdicio? No pasan los días, mí querido lector; los días seguirán, pero tu vida es la que se está agotando. ¿Por qué desear que ya llegue el fin de semana? Un día llegará el fin de tu vida. ¿Ya quieres que llegue ese día? Son muchas preguntas. Pero esa es mi intención; que tras este precioso momento que te tomaste para leer éste artículo te tomes el tiempo para preguntarte: ¿Por qué tengo prisa? ¿Disfruto mi vida? ¿Por qué quiero que se acabe? La calma es la semilla de los descubrimientos. La precaución te capacita para conocer el verdadero carácter de los que te rodean. Disfruta este momento. Te ha tomado mucho llegar a donde estás ahora. Sacrificaste mucho, invertiste, estudiaste, y todo para llevarte a este punto. ¿Lo estas disfrutando? El hoy fue el tema que discutiste con alguien ayer. Hablaste de este momento, soñaste con estar donde estás. ¿Y ahora que ya llegaste, no lo disfrutas? Deberías saborear tu vida, degustarla despacio en lugar de atragantarte deseando acabártela de un bocado. El hoy es como el mejor postre que has comido y es para disfrutar cada uno de sus momentos, cada una de sus 24 horas, y terminar con gran satisfacción diciendo “Mmm… estoy satisfecho” Tu vida es un regalo de Dios. El hoy es una colección de momentos. Haz alarde de cada uno de ellos. No te precipites. Date cuenta de que el hoy es el único lugar donde en realidad existes. El mañana no existe, porque cuando llegue cambiará de nombre; se llamará Hoy.
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