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Por Pastor Ana Sweet Todos fuimos creados para resolver problemas. Siempre serás recordado por los problemas que resuelves y por los problemas que creas. Tu provisión está detrás del problema que Dios te llamó a resolver en la tierra. La Biblia dice que fuimos creados en Cristo Jesús para caminar en las obras que El preparó de antemano. Dios tiene una obra en tu generación en la cual nadie te puede reemplazar, nadie te puede superar. No hay plan B. Hay algo que Dios quiere que hagas, hay un problema que Dios quiere que resuelvas y lo harás tú. En muchos libros y programas se habla del propósito de Dios. Y sólo quisiera añadir algo. El propósito de Dios siempre es de El y para El. Tú eres una pieza en Su gran plan. No te equivoques en pensar que ese propósito es para satisfacerte a ti, para alegrarte a ti, para animarte a ti. El egocentrismo es terrible en nosotros. El plan es de Dios y para Dios. Y claro que tú no quedarás sin recompensa. Mi querido lector, el prójimo es el centro de atención, tú eres la solución para un prójimo, para un pueblo, para un país, para una causa. El prójimo es el centro, no tú. Y Dios paga bien por servirle. De eso no tengas la menor duda. ¿Cómo distinguir cuál es tu propósito en la vida? ¿Cómo distinguir cuáles son las obras que Dios preparó de antemano para que camines en ellas? El ha puesto indicadores dentro de ti que te permitirán descubrir tu propósito. El propósito de Dios para tu vida no es tu elección; ya está decidido; tú sólo te encargarás de descubrirlo. En este artículo, mi querido lector, quisiera proponerte las claves, las huellas, las señales que te pueden funcionar como “mapa” para dar con tu asignatura. La primer clave es considerar lo que amas. Sólo en lo que amas estas dispuesto a invertir todo. El amor es una muestra de aquello que fuiste llamado a hacer en la vida. Sólo lo que te obsesiona es lo que te traerá éxito. ¿Qué te obsesiona? ¿En qué tema de la vida eres experto o estás en camino a serlo? Pon atención a lo que amas, a los temas que te fascinan, a los libros que puedes leer sin parar, al área de la vida donde podrías invertir el resto de tu vida aún sin que te paguen. Esa es una clave para descubrir tu propósito en la vida. La siguiente clave es considerar lo que te duele. Pon atención a tus lágrimas. Lo que te duele, lo que saca de ti llantos y gemidos, puede ser la clave para descubrir aquello que tú fuiste llamado a sanar. ¿Qué es aquello que desata una pasión dentro de ti y se expresa con tus lágrimas? Esa es una clave para descubrir el propósito de Dios en tu vida. Otra clave es considerar lo que te molesta. Sólo lo que es para ti intolerable te mueve a hacer cambios. Sólo cambiarás lo que no soportas. Y si nada te molesta, nada te importa. Pon atención a lo que te causa una furia seria y enfocada a un problema. ¿Qué problema en la sociedad es insoportable para ti? ¿Será el aborto, el abuso a los niños, la pobreza, la ignorancia? Lo que te enfurece es una pasión que te dice cuál es el problema que fuiste llamado a resolver. Todo lo creado resuelve problemas. Todo lo que compras, lo adquiriste porque te resuelve un problema. Tu reloj te da la hora, tu ropa te viste, tus lentes te dejan ver, tu carro te transporta, tu casa te protege, tu comida te alimenta. Todo aquello que has comprado, adquirido y lo que aún sigues buscando, es porque te resuelve problemas. Alguien te está buscando, alguien te necesita, alguien te espera y por el problema que resuelvas serás grandemente recompensado. Pon atención a las emociones, pon atención a tu corazón; puede ser que Dios te esté hablando a través de ellas. Y recuerda, no estás en este mundo por casualidad. No estás leyendo este artículo por casualidad. Hay un plan y tú eres una parte indispensable en ese plan. Efesios 2:10
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