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Me parece que la niñez es una etapa que ignoramos. Es la etapa más fácil, en la que los niños oyen, imitan y creen todo. Cuando pasa la niñez, lo que no hayamos hecho es mucho más difícil de lograr en la juventud. Lo que no se sembró en los corazones de los pequeños en la niñez, tratar de hacerlo en la juventud casi es imposible. Y en la edad adulta ya están establecidos los criterios. Dice un dicho que árbol que crece torcido no puede enderezarse. Pues sí. Y aun eso no nos mueve a asegurarnos de que los arbolitos que tenemos en casa crezcan derechitos. Es cuando apenas crecen que podemos influir. Y estamos influyendo. Bien o mal, mi querido lector, pero tu estás modelando la conducta que los niños tendrán cuando sean grandes. No te esperes a que crezcan para quejarte. ¿Te parece bien? ¡Haz algo hoy! Como Pastor de una Iglesia puedo decir que las mamás en su mayoría vienen preocupadas por sus hijos. Porque ya están en vicios, porque se van de la casa, porque se involucran en pandillas. Y me duele porque me pregunto ¿por qué no se preocuparon por ellos cuando eran niños? ¿Por qué no me trajeron a esos jóvenes cuando eran chiquitos? ¿Por qué no buscaron a Dios antes? En la niñez tú puedes llevar a un niño a la Iglesia tres veces por semana y no te va a decir nada. Aprenden todo lo que se les enseña. Todos los niños aprenden en la Iglesia mucho más que los adultos. Y casi siempre cuando se les hace el hábito, son ellos los que quieren apresurar a sus padres para no faltar. Quieren imitar y es en esa etapa donde podemos inculcar el respeto, la pasión por aprender, los buenos modales y el temor a Dios. Van a imitarte cuando lees tu Biblia, y alabas a Dios. Van a imitarte cuando hablas con respeto a los que están a tu alrededor y respetas las autoridades al manejar tu vehículo. La niñez es el tiempo de modelar la conducta que deseas que tengan en la edad adulta. Insisto: modelar, no imponer. Ellos imitan, no aceptan que tus palabras digan una cosa y con tu ejemplo modeles algo diferente. Ellos imitan tus acciones, nada más. Pero parece que no le damos tanta importancia a la etapa de la niñez. No importa si no van a la Iglesia, al fin son niños. No importa si pasan horas viendo la tele y si hay violencia en las caricaturas; al fin son niños. Pero no sólo son niños. Son adultos en una etapa en la que todo lo que se siembra en sus corazones dará a luz en la juventud y establecerá el rumbo en la edad adulta. Son individuos, son personas, son el futuro de nuestra sociedad. En la etapa de la niñez nosotros como padres decidimos qué deseamos tener en nuestras manos cuando sean jóvenes. ¿Deseamos problemas sin solución? ¿O deseamos adultos establecidos en sus convicciones, que no se apartarán del camino? La Biblia tiene una promesa muy hermosa: “Instruye al niño en su camino, y cuando sea grande no se apartará de él”. La edad adulta ya no es propicia para instruir. En la edad adulta se hacen las reparaciones necesarias por los daños causados en la niñez. ¡Esa es tontería pura! ¿Por qué no aprovechar la niñez para darle a nuestra sociedad adultos de bien? Si siembras vientos cosechas tempestades, si decides ignorar la etapa de niñez de tus hijos, te esperan grandes tormentas. Si instruyes a tus hijos cuando son niños, cuando sean grandes no se apartarán del camino. Modela ante ellos lo que es amar, perdonar, respetar, hablar bien, obedecer a las autoridades, modela lo que es poner a Dios en primer lugar y poner por obra Sus palabras. Modela ante ellos y quedarán marcados para siempre con tu ejemplo y la Palabra de Dios que se estableció en la niñez les protegerá cuando tengas que despedirte de ellos.
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