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Los Hijos

Los Hijos

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Existen diversos factores que influyen en el crecimiento de nuestros hijos, en su conducta, su desarrollo, su autoestima y su éxito.
Uno de los factores importantes es el ambiente en el que se encuentran. El ambiente en el que viven influye en su forma de ver la vida, su conducta, sus ambiciones, sus metas. Si viven en un ambiente de paz, pueden pensar mejor, usar su imaginación con toda creatividad. Si tienen un ambiente de disciplina, se sienten seguros y protegidos. El orden a su alrededor les inspira y les da descanso. Por otro lado, un ambiente de contienda, gritos y pleitos, sin reglas ni disciplina, les afecta y su imaginación, su creatividad, su capacidad de soñar, se ven atrapadas en una cárcel de emociones. El ambiente determina si serán hombres y mujeres de bien o si serán pillos. La Biblia dice que a paz nos ha llamado Dios y ese es el ambiente donde los niños merecen estar.
Otro factor importante son las palabras. La Biblia dice que de la abundancia del corazón habla la boca. Dice que la lengua tiene el poder de dar vida o dar muerte. Con nuestras palabras sembramos en nuestros hijos vida o muerte. Si te das cuenta, todos los traumas y malos recuerdos de tu niñez tienen que ver con palabras toscas e hirientes. Esas palabras han sido difíciles de borrar de tu memoria. Lo mismo causamos en nuestros hijos al hablar sin pensar. Estamos formando su criterio, su manera de enfrentarse con la vida. Lo que oyen en casa debe protegerlos de lo que el mundo les lanza cada día. Sin embargo, ¿quién les protege de las palabras duras de papá y mamá? ¿Dónde se refugiarán? Como padres, nuestras palabras tienen un poder que causará que lo que digamos sea inolvidable.
Aunque parezca que tus hijos no escuchan los consejos, no dejes de hablarles, de decirles cómo enfrentar las situaciones difíciles; no dejes de enseñarles el temor a Dios; esos consejos nunca los podrán olvidar. Dios ha puesto tal autoridad en las palabras de los padres que los hijos, aunque quieran, no pueden borrarlas de su memoria.
Otro factor es la inversión de los padres en los hijos. Algunos están muy preocupados porque no logran darles horas de su tiempo. Otros están preocupados porque no logran darles dinero o regalos caros. Con todo respeto, mi querido lector, ni una ni otra cosa es lo que
nuestros hijos necesitan.
La Biblia dice que la bendición de Dios es la que enriquece y no añade tristeza con ella. También dice que bendición de Dios son los hijos. Pon atención a este punto: Tus hijos son una bendición de Dios que contiene una riqueza que a ti te tocará desatar, y la bendición no añade tristeza.
Te suplico que pongas atención a estos cinco puntos que quiero enfatizar para concluir. Número uno: Tienes que ver a tus hijos como una bendición de Dios, y no uses tu boca para decir algo que se oponga a esta verdad. Número dos: Tus hijos contienen una riqueza y tú la vas a desatar. ¿Cómo? Conforme van creciendo, pon atención a lo que les llama la atención. No gustos o simples caprichos, sino un cariño especial por hacer algo y que va acompañado con un espíritu de sacrificio para llevarlo a cabo. Prefieren eso en lugar de jugar, prefieren esa actividad en lugar de dormir, prefieren seguir aprendiendo en lugar de descansar. Cuando algo así les suceda, invierte tiempo, invierte dinero, para que exploten todo lo que hay dentro de ellos. No inviertas en lo que les hace perder el tiempo, porque eso les hará perder en la vida. Invierte en lo que produce para su futuro nada más. Número tres: Toma la Biblia en serio. Si escuchas la palabra de Dios y la pones en práctica, Dios protegerá tu casa. No juegues con eso. Número cuatro: Muéstrate congruente con tus hijos. Ellos te observan más de lo que te escuchan. Que tu vida sea el mejor consejo que les des. Que lo puedan ver en ti primero. Número cinco: La bendición de Dios no añade tristeza con ella. Si no conoces de la Biblia te estás perdiendo de un tesoro. Dios dice que ellos son una bendición de Dios y jamás una bendición puede producir tristeza. Un hijo no puede traer enfermedad, desilusión, dolores de cabeza, porque son una bendición. Yo sé que deseas decir que en tu caso no es así, pero si te atreves a ver a tus hijos como Dios los ve, hablarles como Dios desea que les hables y enseñarles el temor a Dios, entonces verás que Dios hará lo demás. ¿Te imaginas una vida con tus hijos sin tristeza?
Es tiempo de que te quites la ignorancia de la Palabra de Dios, es tiempo de que no
eches a tus espaldas lo que te ha dicho. Es tiempo de que le des Su lugar y verás lo que Dios hace con tu casa.

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