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Los Niños no son Tontos

Los Niños no son Tontos

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Creo que debemos hacer conciencia de cómo los niños aprenden. Ellos observan demasiado. Parece ser que los adultos queremos que ellos ignoren lo que ven en nosotros, lo que oyen de nuestra boca y sólo aprendan los valores que les enseñamos, aunque con nuestra conducta mostremos lo opuesto siempre.
Le decimos al niño: “No mientas”, pero cuando suena el teléfono decimos: “Dile que no estoy”. Les decimos: “ponte el cinturón de seguridad porque eso quiere la ley”, pero el niño observa cómo para nosotros el semáforo es sólo una decoración y aunque esté en rojo lo cruzamos sin pensarlo dos veces. Los niños no son tontos.
Los enviamos a la escuela esperando que aprendan a ser grandes líderes y que amen la grandeza, que exploten su potencial y terminen siendo hombres y mujeres de bien. Pero no nos damos cuenta de que lo que aprenden en la escuela no es lo que define su futuro; lo que aprenden de los adultos con los que viven es lo que define su futuro. La familia es el lugar donde se empollan los grandes líderes o los vagos, las mujeres exitosas o las madres solteras, los problemáticos o los que resuelven problemas. Los niños se moldean en casa.
El ambiente que tienen en el hogar determina qué serán de grandes. Por ejemplo, si los adultos se olvidan de Dios, no le honran ni le obedecen, eso es lo que los niños aprenden. No importa cuántas veces diga un adulto: “Dios es primero” o “Somos buenos Cristianos”. Los niños no sólo toman en cuenta lo que aprenden en su clase en la Iglesia. Ellos aprenden cuando los adultos se expresan mal de los demás, cuando no oran por los alimentos, cuando prefieren un partido en la televisión que ir a la Iglesia.
Los niños son los futuros jóvenes que causarán un terrible dolor de cabeza o serán el orgullo de la familia. Me da tristeza que cuando son niños no les enseñamos quién es Dios; no les enseñamos a honrarle, a amar lo que Dios ama y aborrecer lo que El aborrece. Pero cuando esos niños crecen y se rebelan, es cuando queremos correr a una Iglesia para que Dios nos resuelva el problema. La niñez es el tiempo perfecto para enseñarles lo que no quieres que olviden en su edad adulta. La Biblia dice que instruyamos a los niños en el camino y cuando sean
grandes no se apartarán de él. No se refiere a que sólo les enseñemos con un pizarrón o que esperes que otros se encarguen de enseñarles acerca de Noé, Moisés o Jonás. No mi querido lector, los niños no son tontos y están aprendiendo de los que viven con ellos, más de lo que creemos, más de lo que queremos que aprendan. La niñez no se debe ignorar, no se debe desaprovechar. ¡Están aprendiendo siempre! ¡Están observando siempre! Y en su niñez se establece el camino que seguirán de grandes.
¿Tienes niños en casa? ¿Qué aprenden de ti? ¿Qué tipo de vida tendrán si aplican todo lo que enseñas con tu ejemplo? ¿Tu ejemplo les enseña a amar a Dios o a ignorarlo? Los niños no son tontos y no oyen lo que hablas no importa el volumen de tu voz. Tu voz se desvanece ante el grito de tus actos. Eso es lo que verdaderamente oyen y lo que seguirán.

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