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Instrumentos Divinos

Instrumentos Divinos

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Algunos se preguntan cómo es que Dios actúa, cómo interviene, cómo vendrá a nuestra ayuda. Y de sus diferentes maneras de actuar, la que más me gusta es cuando usa a la gente como instrumento en Su mano para rescatar a alguien de un problema.
En una ocasión, en mi familia la situación no estaba tan bien económicamente. Se acercaba la Navidad y los niños, con esa gran expectativa, deseaban tener su arbolito de Navidad. No es fácil decepcionar a un niño, especialmente en una celebración como esa. Recuerdo bien que mi hermana abrió la puerta y estaba ahí un árbol de Navidad natural, precioso. Era enorme y todavía puedo recordar cómo el ambiente se iluminó en esa casa al meter el árbol. El aroma cambio y las caritas de los niños cambiaron también de inmediato. En un solo instante cambió de tristeza a felicidad, de frustración a esperanza y todo ese hogar pudo decir: “No estamos solos, Dios está con nosotros”. Sabemos que fue Dios, pero ¿cómo? No mandó un arbolito desde el cielo... pero usó a unos vecinos que sintieron en su corazón bendecir a una familia y nunca sabrán el impacto que causaron en nuestra casa. Dios usa a la gente para bendecirnos. Dios usa a la gente para rescatarnos. Puede ser que hoy recibas una sorpresa de quien menos te imaginas, y que la respuesta a tus oraciones esté detrás de un rostro humano, pero la mano Divina está orquestando ese encuentro.
Este fin de semana mi esposo y yo decidimos tomar el tren ligero para pasear al centro. Era muy tarde y nunca antes nos habíamos subido. Estábamos nerviosos, pues era casi media noche y la estación estaba prácticamente vacía. De pronto se acercó alguien, y al principio sentimos un poco de temor porque su aspecto era algo cuestionable. Pensamos que nuestra preocupación era notoria y ese hombre, con una sonrisa, se acercó y pacientemente nos explicó lo que teníamos que hacer para regresar a casa y nos causó un gran alivio. Nunca sabes a quién usará Dios para traerte una solución, para darte la información que te hace falta; lo que te puedo asegurar es que Dios está más involucrado en nuestras vidas de lo que nos imaginamos. Dios usa a la gente y en nuestro caso, esos detalles pequeños nos encantan porque vemos a Dios actuar a nuestro favor aún en las cosas que parecen
insignificantes.
En otra ocasión recuerdo que estaba haciendo fila en un café. Al frente de mí había una mujer con un aspecto terrible. Estaba vestida de la peor manera y llamaba mucho la atención. Todos la miraban, todos la juzgaban, especialmente yo. No podía quitar mi mirada de ella y sólo Dios sabe lo que pasaba por mi mente. No era nada bueno. Ya quería que se fuera, porque su presencia me disgustaba bastante. De pronto, al pedir mi café, cuando quise pagar la cajera me dijo “esa mujer pagó su café”. Quise llorar de vergüenza, salir corriendo y pedirle perdón. Y aunque ella nunca supo lo que pasaba por mi mente, yo lo sabía y eso era suficiente. Ella fue un instrumento de Dios que yo desprecié. A eso le llamo cachetada con guante blanco. Pero no me vuelve a pasar, se los aseguro.
El saber que Dios usa a la gente para hablarnos, para ayudarnos, para rescatarnos, debe ser un motivo para ver a la gente de una manera diferente. No debemos dejarnos llevar por el aspecto de alguien, no podemos juzgar a nadie por su apariencia; puede ser que esa persona que desprecias sea la solución a tu problema. ¿Quién quiere recibir una cachetada con guante blanco cuando la persona que despreciaste por un momento fue la solución a tu problema? Yo prefiero salir de casa con la expectativa de que Dios puede usar a alguien, verlos a todos como “instrumentos de Dios potenciales” y esperar grandes cosas de todos. ¡Guau! ¡Ese es un cambio de actitud inmediato! ¿Qué pasaría si ves a la gente de esa manera? El trato que le das cambiaría.
Dios puede disfrazarse detrás de la humildad, la pobreza, una raza diferente a la tuya, un vestido que no te guste, o detrás de un olor desagradable. Sólo quiero insistir en este punto: Dios siempre aparece para encontrarse con nosotros y puede usar a quien menos te imaginas. ¡Ponte listo!
Mejor aún puede ser que Dios quiera usarte a ti para ayudar a alguien. Puede ser que tú seas el instrumento que Dios usará para transformar la vida de alguien. Cuando tengas una inclinación a hacer algo, a cruzar la calle para dar algo a alguien, a tocar una puerta y dejar bolsas llenas de todo bien afuera de esa puerta, hazle caso a esa corazonada; puede ser Dios hablando.
Todos somos prospectos, todos podemos ser usados
por Dios hoy. Debemos tratar a la gente como si fueran un regalo que esperamos con una envoltura que puede ser que nos confunda. ¿Estarías dispuesto a no fijarte en la envoltura, y esperar de Dios ver algo, oír algo, recibir algo de quien sea?
Un texto en la Biblia que nos encanta dice: “Lo que tú hagas por otros Dios lo hará por ti” (Efesios 6:8).
Nada de lo que tú hagas a favor de otros, quedará sin recompensa. Y la recompensa no vendrá de quien ayudaste, sino de Dios mismo.
Ve a la gente diferente, y celebra cada vez que “alguien” cambia tu día, tu vida, tu momento. Y recuerda esto: fue Dios quien lo hizo.

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