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Mujeres

Mujeres

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Analizando nuestras fallas como mujeres, quisiera puntualizar algunas. Fallas que limitan nuestro éxito, transtornan nuestro futuro, impiden nuestro acceso.
En primer lugar nuestras emociones toman un papel que no deben tomar. Se convierten en el piloto de nuestras vidas, en el timón de nuestro barco, en la brújula de nuestra vida. Las emociones, puestas por Dios en todos nosotros, no están diseñadas para dirigir nuestra vida. Las emociones no saben distinguir entre lo bueno y lo malo. No tienen idea de la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto. Poner nuestra vida en manos de nuestras emociones es manejar con una venda en los ojos en medio del tráfico y en sentido contrario. ¿Captas la imagen?
Hablamos mucho. Esa es otra. No esta mal hablar, siempre y cuando pensemos antes de hacerlo. Sólo porque tenemos miles de palabras -dicen los psicólogos que tenemos como 12,000 palabras al día-, no significa que las tenemos que usar sin rienda y sin enfoque. Una persona muy sabia dice que cuando te quedas callada pueden pensar que no eres inteligente. Pero eso es mejor a que cuando hables confirmen que no lo eres. Las palabras abren puertas y cierran puertas. Detrás de las palabras está un corazón que les da un tono de voz, una intención, una motivación, una pasión. Debemos de preguntar más para quitarnos la ignorancia, en lugar de hablar como si tuviéramos la solución de todos los problemas. Debemos escuchar con atención por muchas horas antes de hablar. Y cada vez que hablamos preguntarnos si los que están a nuestro alrededor resultan beneficiados al oírnos. Con las palabras una mujer establece el ambiente en su casa. Con las palabras puede convertir su casa en un infierno, donde nadie quiere estar. Las palabras sólo son el termómetro del corazón. Si tus palabras son venenosas, es sólo porque tienes un corazón que ha permitido que entre el veneno. Si tus palabras son dulces, es porque tu corazón se mantiene puro. De la abundancia del corazón habla la boca. Lo que quiero decir es que el problema está en el corazón.
Somos inseguras. La inseguridad o el temor son la raíz principal de los celos, la envidia, y la competencia. Esa inseguridad causa mucho daño a nuestro alrededor y destruye las relaciones que tenemos. Nos volvemos egoístas y buscamos la felicidad de la peor manera. Mujer, sólo Dios puede llenar tu corazón y al hacerte
Su hija, Su princesa, esas actitudes van a cambiar. Dios dio a Su hijo por ti, así de grande es Su amor. ¡Nadie te ama tanto! Así que levanta tu rostro y sonríe. Dios te ama y quiere ser correspondido por ti. Dale tu corazón hoy y El te dará uno conforme al Suyo.

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