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Problemas

Problemas

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Todo depende del cristal con que lo miras. Los problemas también. Esta semana fui a escuchar a un gran hombre hablar acerca de este tema. Nunca había visto los problemas así y, la verdad, por primera vez me causaron emoción e hicieron que me subiera la adrenalina, pues pude ver los problemas de otra manera.
¿Cómo resolver los problemas? Lo primero que debes hacer para resolver los problemas es aprender el arte de preguntar. Una pregunta es la clave para obtener la solución de un problema. ¿Qué te estorba? ¿Por qué no quieres preguntar? No puedes continuar ocultando lo que te pasa, temiendo que otros se den cuenta, o actuar como si no pasara nada. Los problemas no son para acumularlos, sino para resolverlos. La acumulación de problemas siempre resultará en un derrumbe, una catástrofe, un divorcio, una renuncia, un encarcelamiento o un suicidio. Los problemas no se resuelven solos. Te estarán esperando y cada día que pasa se pueden convertir en gigantes que aparentemente son invencibles.
¡Pero los problemas se pueden vencer!
Haz una pregunta. Aprende a preguntar en lugar de contar la historia una y otra vez. Consulta con expertos, acércate a quien tiene éxito en el área donde ahora sufres. Pregunta a tu pareja, con toda tranquilidad y quietud, respeto y consideración, ¿por qué estas actuando así? Tal vez si le dices: ¿Por qué llegas a casa cuando ya apagué las luces y todos estamos dormidos? ¿Qué hay en casa que te impide llegar temprano?, tal vez la respuesta sería: “Llegaré temprano cuando me recibas de una mejor manera”. Detrás de una pregunta hay mucho más que una respuesta. Haz preguntas en relación a los problemas que tienes.
La siguiente clave es que elabores una lista de los problemas que tienes. Tómate un tiempo a solas, sin que nadie te moleste. Donde el teléfono no suene ni te toquen a la puerta. Con una hoja en blanco empieza a enlistar tus problemas. Uno a la vez. No los mezcles, sepáralos. Una vez que ya tengas la lista, ahora en otra hoja pon esos problemas en orden de prioridad. Debes resolverlos por orden de importancia. Los problemas que causan más daño, mayores consecuencias y dolor, deben ser los primeros. Para ayudarte un poco, quiero proponerte que el primer problema, el que debe estar al frente de todos sea el problema que tienes con Dios. ¿Estás bien con Dios? ¿Estás en
paz con El? Te animo a que resuelvas este problema de inmediato. Si no estás reconciliado con Dios, ¿cómo puedes ir a la Iglesia un domingo a pedirle que resuelva tus problemas? Si no resuelves el problema que tienes con Dios, El no resuelve los tuyos.
Haz un alto en el camino y piensa qué problema tienes con Dios. La Palabra de Dios dice que El envió a Su Hijo para reconciliarte con El mismo. El ha hecho las paces contigo. No lo dejes con la mano estirada. Está esperando tu respuesta. Reconcíliate con Dios y El te ayudará a resolver lo demás. Romanos 10:9

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