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Esta semana platicaba con una mujer que admiro muchísimo. Tiene una mente brillante y como estudiante ha llegado a niveles que pocos logran. Tiene una carrera exitosa, fruto de años de desvelos, durante los cuales se privó de toda distracción y diversión, para dar lo mejor de ella en la escuela. ¿Por qué hacemos eso? Obviamente en la mente de todo estudiante brillante está el vivir de lo que estudia y tener una buena vida, un buen sueldo y un buen nivel en la sociedad. Sin embargo, en esta plática con esta mujer brillante me sentí frustrada y tuve una sensación de fracaso total al darme cuenta de que en la Iglesia no ha logrado triunfar. Y escribo esto porque como ministro de una Iglesia creo que yo tengo toda la culpa, por no mostrar a la audiencia que se sienta a escucharnos lo que la Iglesia es. La Iglesia es la Universidad de la vida, donde uno aprende módulo tras módulo, clase tras clase, para un día graduarse y vivir de lo que cree. La Biblia ofrece una vida que ninguna Universidad, por más prestigiosa que sea, puede ofrecer. ¿Pero qué pasa con los estudiantes? Veo cómo a la escuela no importa dedicarle horas de estudio. A la escuela y le dedican ocho horas del día, para después dedicar otras ocho a las tareas y los proyectos. Es responsabilidad de los estudiantes no faltar, no importa cual sea la razón, porque pueden reprobar los exámenes si no están listos. En la Iglesia es otra la dinámica. Llegan a la Iglesia con las emociones a flor de piel, esperando sentir algo, sentir bonito, emocionarse, salir con la adrenalina alta. Dejan las neuronas en la casa. Al salir de la Iglesia esperan que toda su vida se resuelva en veinticuatro horas y, si no sucede nada, deciden no volver. ¡Ah caray! Y luego vienen los exámenes de la vida, y los reprobamos todos. Culpamos a Dios, decimos que no funciona, culpamos a la Iglesia a la que asistimos y hablamos pestes del maestro. Pero, insisto, en mi caso la culpable sólo puedo ser yo por no exponer lo que la Iglesia es. Y sé que tú eres un estudiante y espero que a partir de este domingo veas la iglesia diferente. A la Iglesia se va a aprender. Y, de acuerdo al número de horas que le dediques, será el beneficio que obtengas. ¡Claro que sí! No me puedo imaginar cómo te iría en la escuela si inviertes en ella lo que inviertes en la Iglesia. ¿Cuándo te graduarías? ¿Te imaginas ir una hora a la semana, y que toda esa hora te duermas o te dediques a esperar impacientemente que termine el tema para hablar con el Pastor para que con una oración resuelva todo lo que te pasa? ¿Te imaginas ir a la escuela sin libros, como vamos a la iglesia sin Biblia, y no dedicar nada de tiempo a leerla y estudiarla? ¿Como te iría en los exámenes de la escuela si hicieras lo mismo? En una buena Universidad si no mantienes buenas calificaciones tarde o temprano te pedirían que te vayas, porque el prestigio de la Universidad no se puede poner en riesgo. Porque no es justo dedicar el tiempo de un maestro en alguien que no quiere aprender. Pero obviamente eso no lo haremos en la Iglesia, porque lo que queremos los Pastores es tener un creciente número asistentes, aunque no aprendan y sus vidas vayan de mal en peor. Es una lástima. Yo sé que hay Iglesias preciosas que han decidido no hacer esto, y yo tampoco quiero ser una de ellas. Otro problema que hay es que las escuelas están abiertas con clases y maestros todos los días. Las Iglesias cada vez tienen menos servicios y a los pocos servicios que tenemos los estudiantes no asisten. Y lo peor de todo es que con lo poco que asisten a la Iglesia -unas 5 horas al mes- esperan resultados estilo microondas. Es para reírse como loco o para echarse a llorar. La Universidad nos saca ventaja. Los estudiantes dedican horas para algo que está sujeto a la recesión, sujeto a que haya empleos al salir de la escuela, mientras que la Iglesia, que tiene promesas que no están sujetas a nada de eso, permanece dormida. En las escuelas hay alumnos a los que se les llama “dinosaurios”; pasan años sin avanzar y casi siempre son parte de la grilla. Lo único que hacen es ponerse en huelga, hablar mal de los maestros, formar grupos para correr al maestro que no les gusta, etc. Obviamente ese grupo va a la Universidad a algo que no sirve. Y una buena Universidad no los soporta; los saca de inmediato. En la Iglesia también hay esos grupos y es triste, porque viven cada vez peor. Van a la iglesia a todo menos a aprender. Si tú eres parte de la grilla en la Iglesia, ¡aguas! Cómo enseñarles a estudiantes que asisten a cualquier cosa menos a aprender. Los maestros no necesitaban darnos show para mantener nuestra atención, ni hacer todo un espectáculo para que nos gustara la clase. Tampoco íbamos a la escuela a que nos levantaran la adrenalina. Ya me imagino lo que pasaría en la Universidad si el estudiante llega y después de la clase le dice al maestro: “Ay maestro, no sentí nada, no sentí bonito” ¡Por favor! Durante toda la carrera nunca esperamos sentir algo, nunca salimos tratando de experimentar al siguiente día lo que aprendimos. Esperamos, pasaban semanas sin entender nada. Pero al final del módulo sucedía algo, se prendía el foco y decíamos: ¡Ya capte! Pero eso sólo sucedía porque el estudiante estaba comprometido con aprender, y sólo a eso va un estudiante exitoso, a aprender. Por favor, busca una Iglesia donde aprendas, deja tus sentimientos en tu casa y trae todas tus neuronas, porque los beneficios en esa Universidad te harán vivir una vida en abundancia. La Iglesia está en busca de estudiantes que quieran aprender. La Iglesia quiere graduar estudiantes para que vivan de lo que creen. Si no vas a la Iglesia a eso, ufff, no te sirve de nada. Romanos 1:16-17
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