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La actitud que tenemos refleja la altura a la que llegaremos. La actitud es el fundamento que está bajo tierra, lo que nadie puede ver. Ese fundamento determina qué tan fuerte será la estructura que se construya sobre ese fundamento. El edificio depende de sus fundamentos, su altitud depende de su fundamento. Qué tan lejos quieres llegar, ya lo estás reflejando hoy a través de tu actitud. Todos tenemos una personalidad y un carácter. La personalidad es el regalo de Dios que hemos recibido, que nadie debe cambiar. Es lo que nos hace únicos, lo que nos hace diferentes a los demás. El carácter no se ve a primera vista; se puede ocultar en la primera entrevista, se puede maquillar en el noviazgo, se puede fingir por un poco de tiempo, pero finalmente sale a la luz. El carácter de una persona madura lo notas en que su personalidad está bajo el control de sus principios. El carácter de una persona inmadura, o un chivo en cristalería, refleja que su personalidad está fuera de control, y si acaso tiene principios, no le benefician. La actitud es el reflejo externo del carácter de una persona. Y así como un edificio puede verse fuerte, no sabremos si su estructura lo es hasta que esté sujeto a algo que ponga a prueba sus fundamentos, como un temblor. De la misma manera, si tú quieres ver el fundamento que sostiene a una persona, si es un fundamento fuerte o es pura fachada, sólo tienes que esperar que esa persona esté bajo presión y saldrá su actitud, y es ahí cuando hay un derrumbe, o estás ante una estructura de principios inamovibles. Los únicos principios a prueba de temblores son los que encuentras en la Palabra de Dios. Cuando encuentras a un empleado, un esposo, una empresaria, un ama de casa que tiene su carácter sujeto a los principios de Dios, estás delante de alguien en quien puedes confiar, te puedes refugiar en la peor de las tormentas, será sacudido pero nunca caerá. ¡Esa persona vale oro! La actitud refleja lo que aprendiste del pasado, cómo es tu presente y la expectativa de tu futuro. La actitud hace una gran diferencia en el trabajo, en la casa o en cualquier lugar donde te desempeñas. La gente puede tener un gran potencial. El problema que vemos en grandes artistas, cantantes, políticos, es que en algún momento de su vida su carácter se ve a prueba. Y viene un derrumbe terrible, pues su carácter no pudo sostener su potencial. ¡Pierden todo! Parece que no es suficiente tener gran potencial, gran talento, si debajo de esa estructura hay un fundamento débil. En cualquier momento vendrá el derrumbe. Y no sólo sucede en la televisión, puede suceder en tu propia vida. Deja que explote tu potencial, pero primero vuélvete a Dios, cambia de mente y deja que Sus Palabras te conviertan en una persona que no se puede derrumbar.
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