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La juventud es esa etapa que cuando llega a nuestros hijos ocasiona que perdamos el contacto con ellos. Me refiero a que parece que ya hablan otro idioma; no les entendemos ni ellos nos entienden. La juventud está llena de energía pero no cuentan con la madurez para enfocarla correctamente. Y es ahí donde urge hacer un llamado a los adultos responsables para atender al clamor en silencio de esa juventud que tanto necesita nuestra atención. Con miradas retadoras suplican que les amemos. Con tapones en los oídos, de esos carísimos, nos tratan de ignorar pero en realidad están ansiosos de que les demos tiempo. No sé por qué pero es una etapa en la que el joven piensa que todo lo sabe, cree estar seguro de lo que quiere, y en realidad no tiene la menor idea. Con su boca nos gritan que no quieren saber nada de sus padres, pero con el corazón anhelan fervientemente que ignores su altanería y sigas insistiendo. Probablemente no estarás de acuerdo con lo que quiero proponerte. Y estás en todo tu derecho, pero si lo que estás implementando no está funcionando, ¿estarías de acuerdo en analizar si es tiempo de cambiar la estrategia? Parece que los padres están muy preocupados porque sus hijos puedan caer en vicios, las jovencitas salgan embarazadas, los peligros de las pandillas, suicidios y las malas compañías. Unos padres optan por darles a sus hijos todo lo que piden con tal de que no se vayan de la casa, ya que esa es la amenaza favorita de ellos. ¿A qué le tenemos miedo? ¿Desde cuando los pájaros les tiran a las escopetas? Por favor, no cedas a semejantes amenazas. Otros optan por ignorar a sus jóvenes, dándose por vencidos. Otros, los tratan a su nivel, les dan confianza, les dan la responsabilidad de cuidar a los niños más pequeños de la casa, con lo que echan sobre sus hombros un peso que sólo un adulto debe cargar. Los jóvenes deben ser jóvenes y los adultos deben ser los responsables. Invertir los papeles no es justo. Te quiero repetir que el joven pide algo con la boca, pero su corazón necesita otra cosa. Y es ahí donde debemos ser sabios y más astutos para actuar. Nuestro deber es darles lo que necesitan y no lo que quieren. Ya me imagino lo que esta pasando por tu cabeza. ¡Eso va a iniciar una guerra campal en casa! Es posible que sí, al principio, pero no será así siempre. Mis queridos padres de familia, debemos buscar el éxito a largo plazo. No a corto plazo. Si quieres agradecimiento de parte de tus jóvenes hoy mismo, pues ponle computadora en su cuarto, dale su propia llave de la habitación y no entres para nada. Dale permiso de ir a donde quiera, no limites el dinero que le das y mucho menos le pidas cuentas de lo que hace con él. Dale el carro que quiere, y conviértete en su alcahuete. Te aseguro que hoy te dará las gracias, pero cuando sea adulto, te preguntará por qué lo hiciste así. Cuando salga de la escuela y no aprendió nada, cuando vea que su juventud fue una pérdida de tiempo, te va a reclamar. Uyyy parece que uno no gana con ellos nunca. Parece que nunca vas a quedar bien. Bueno, pero es mejor que no quedes bien ahora y a largo plazo recibas de ellos un “gracias por no dejarme hacer lo que te pedía”, “gracias por no rendirte conmigo”, “gracias porque gracias a ti soy un hombre de bien”. ¡Guau, te aseguro que esa satisfacción vale la pena...! Pero mientras, aguanta las muecas las lágrimas de cocodrilo y las frases como “tú no me comprendes”, “tú no me quieres”, etc. Dos cosas que el joven no debe controlar, manejar ni gozar son: La privacidad y el tiempo libre. Por favor, pon mucha atención a esto. Si tú te atreves a tomar cartas en el asunto, a recuperar la rienda que tus jóvenes te arrebataron, debes hoy mismo retomar el control de su privacidad y su tiempo libre. Ellos no deben decidir qué hacer con eso hasta que tengan la madurez para manejarlo. Así como no le darías un carro sin saber manejar, porque sabes que se pueden accidentar, sabes que puedes perder a tu hijo. Así tampoco debes permitir que ellos “manejen” la privacidad y el tiempo libre. Tú debes hacerlo, es tu responsabilidad. Permitir que ellos hagan lo que quieran a puerta cerrada es un peligro. No están listos para eso. Dan rienda suelta a su cabecita y siempre se van a lo peor. Su cuarto puede ser el campo donde se preparan para ser lo que sólo ves en tus pesadillas. Lo mismo con su tiempo libre. Ellos deben producir y no perder el tiempo. Nunca caerán en vicios ni andarán en malos pasos si NO TIENEN TIEMPO. Esa es la parte que como adultos nos corresponde. Y te animo: no le pidas ayuda a Dios con ellos si tú como padre o como madre no estás dispuesto a enseñarle a tu hijo que Dios es primero. Los domingos debes enseñarle que Dios es primero que los deportes, que la diversión. No vengas a la Iglesia a decirle a Dios que te ayude con tus hijos si con tu ejemplo le haz mostrado que Dios no debe importarle. Tal vez hoy tus hijos están chiquitos, y tal vez tienen deseo de aprender de Dios. Te aseguro que ahora es el mejor tiempo para inculcar eso en ellos; de jóvenes puede ser muy tarde para traerlos. Toma control del tiempo de tus hijos; una mente desocupada es el taller de Satanás. No conviertas la cabeza de tu hijo en ese taller. Es tu responsabilidad.
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