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¿Dónde nos quedamos? Si estuviste con nosotros la semana pasada, hablamos de la importancia de no estar ausente en el espacio de tiempo llamado “momento”. Vimos el momento como el presente con el que contamos, que pasa rápido y se va, no sin antes preparar una cosecha para el futuro. ¡Así es! Sea lo que sea que hagamos con el “momento”, es una semilla que se siembra para producir algo en el futuro. Sería mejor entonces enfocarnos a donde se está sembrando, en lugar de tener la mente en un “momento” del pasado o en un “momento” del futuro, que todavía no existe. Y el único momento que tenemos en realidad pasa desapercibido, pero no se va sin producir algo… y ese algo puede ser dulce o amargo. Otro peligro se llama “preocupación”. Es pensar hoy en los problemas que pueden aparecer pero que no han llegado todavía. Un gran hombre dijo: “Toda mi vida viví preocupado por tantos problemas y el ochenta por ciento de esos problemas nunca sucedieron”. ¡Eso sí es perder el tiempo! Jesús de Nazaret nos anima a no pensar en lo que traerá el mañana, sino a enfocarnos en el hoy. Creo que tratar de controlar el futuro es tomar la posición de Dios y te aseguro que esa posición no te conviene. Si lo intentas tú, Dios se hace a un lado. Pero si confías en El, entonces El toma el control. Como Hispanos, por la actitud de unos pocos ya todos tenemos una etiqueta. Nos llaman los del “mañana”. Parece que resolver las cosas en el “momento” no es lo nuestro. Algo más importante ocupa nuestra mente en el presente, algo más importante toma control de nuestra agenda. ¿Puedes adivinar qué es? ¡Claro, le atinaste! ¡Todo lo que no resolvimos ayer! Lo que haces hoy determina quién serás mañana. Y lo que haces hoy será tu recuerdo el día de mañana. ¿Quieres tener buenos recuerdos? Empieza a construirlos en el “momento” que tienes en tus manos. Construye hoy lo que quieres recordar. El pasado puede dejar de ser amargo, si el hoy lo tratas mejor. El futuro puede ser una jornada mucho mejor si dejas de pensar en eso y empiezas por sembrar en el hoy. Mientras tanto, ¿qué está pasando en tu presente? ¿Qué pasa con las horas que estás ausente en tu mente? No dejes para mañana el ser excelente, no esperes tener un mejor trabajo para ser esmerado, no esperes a tener un mejor jefe para tratarlo bien. No esperes a tener más dinero para ser generoso, no esperes a que tus hijos crezcan para darles atención, no esperes a que tu pareja te amenace con el divorcio para arreglar los problemas del matrimonio, no esperes a regresar a casa para besar a los que amas, porque siempre existe la posibilidad de que no vuelvas a verlos. No lo sabes; por eso maximiza el momento, sácale jugo a cada oportunidad, a cada hora, a cada minuto. No dejes para mañana buscar a Dios, y no dejes que el pasado te lo impida tampoco. No quieras esperar a la vejez para hacer caso a este llamado; puede ser que no llegues a ese día. ¡Maximiza este momento! Romanos 10:9
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