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Vivimos en una sociedad que nos enseña a aislarnos cada vez más. Extraño esos días en que podíamos llegar a casa de un amigo sin llamar con anticipación para ver cómo estaba, para saludar o tener una platica totalmente informal. Una visita con el vecino para ver si tenía una taza de azúcar, y simplemente tocar la puerta. Llamar a alguien en la madrugada, para conversar. ¡No estábamos tan solos como ahora!

Hoy, esta sociedad nos presenta más y más productos para entretenernos. Ya hasta puedes platicar y jugar con la televisión, meterte un par de cables a los oídos para aislarte aún más, y no escuchar a nadie más que a tus propios pensamientos. Nuestros hijos están siendo succionados por esos sistemas. Ya no platicamos con ellos, ya no nos sentamos a la mesa a jugar turista o lotería. Ya les conseguimos esas cosas que los mantengan ocupados y nos dejen en paz, ¡porque estamos ocupados con nuestra propia soledad!

Ahora ya estamos tan ocupados que no hay tiempo para platicar; ya mandamos mensajes de texto y cada vez tienen menos palabras. Para qué decir tanto, para qué expresarnos y practicar el arte de la comunicación si ya paso de moda. Y mientras tanto, la soledad crece, el aislamiento nos encierra en una prisión a la que nadie tiene acceso. Nuestros hijos no tienen con quien desahogarse y sacar todas sus preocupaciones. El esposo prefiere estar en la computadora y posiblemente encontrar a alguien que no lo tenga que ver para quererlo, porque parece que así también nos podemos relacionar. Podemos fingir y jugar a relaciones irreales, llenas de mentiras y cómodas, pues la distancia no se acorta. Parece que el amor de lejos es ahora el amor de inteligentes. ¡Válgame!

Me encantan los animalitos, pero espero me permitas decir esto con el corazón abierto: ellos no están diseñados para sustituir las relaciones entre humanos. Cuando Dios dijo: no es bueno que el hombre esté solo, aunque todos los animales ya habían sido creados y Adán era el responsable de poner nombre a todos, no resolvió el problema de la soledad del hombre con un animalito. Le entrego a otro ser humano, y fue mujer para que entre ellos dos llenaran la tierra. ¿Qué pasa con nuestra sociedad? ¿Por qué pensamos que nuestros formatos, nuestras magnificas ideas son mejores que las del Creador del cielo y de la tierra?
¿Seremos más inteligentes que El?

Un día un hombre platicaba con Dios. Le dijo: “Dios, ya no te necesitamos. Ya podemos solos. Tenemos tanta tecnología y cada día nuestro intelecto se desarrolla más y más y con tantos avances que ahora ya sabemos cómo hacer al hombre”. Dios, pacientemente, como un papá escuchando a un niño, lo miraba y decía. “¡Guau, eso está excelente! ¡Cuéntame más!”. El hombre, inflado de orgullo, le dice: “No, más bien te lo quiero demostrar. Te voy a mostrar cómo podemos hacer al hombre y tu ya no eres necesario”. Y aquel hombre se agacho para tomar un puño de tierra para empezar con su creación. Dios de inmediato lo interrumpe y le dice: “Hey, hombre inteligente; si quieres hacer al hombre consigue tu propia tierra, esa es mía”. ¡Plop!

Por favor, no pienses que hacer las cosas a tu manera traerá mejores resultados. Eso sería el colmo de la necedad. Debemos volver a los fundamentos. Te suplico que mires a tu alrededor y pongas atención a la soledad de los que te rodean, especialmente los de tu casa.

La soledad no se resuelve teniendo gente alrededor. Puede haber cables y puede haber energía, pero si no está todo conectado no hay luz. La conexión es a lo que Dios nos llamó. La relación íntima sin máscaras, la transparencia, la profundidad de las palabras, quitar la cortesía y hablar de corazón.

Probablemente si no puedes ver lo que te digo, es porque tú mismo estás atrapado en tu propio aislamiento. Dios antes de resolver la soledad del hombre le regaló algo más profundo: la satisfacción, el gozo interno, la compañía que nadie puede suplir y llenó el vacío en el corazón. Eso sólo se resuelve de una sola manera. Dios lo resolvió con El mismo. Por favor entiende este orden, esta es la ecuación perfecta. Una relación con Dios, relación con los demás y un mundo que poseer y gobernar. ¡No hay de otra! ¿Cómo empezar? Romanos 10:9

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