Tu capacidad de avanzar al futuro depende de tu capacidad para dejar el peso del pasado. Un gran deportista debe despojarse del peso que le estorba para mantener su agilidad. Yo nunca he visto a un deportista llorando por el peso que abandona, por despojarse de esas toxinas que le impiden ganar. ¡Nunca he visto tal cosa!
Eso es exactamente lo que hacemos cuando lloramos por el pasado; nos aferramos a esas toxinas. Sí lo dije bien, y lo repito. Como las toxinas al cuerpo es el pasado al alma. Engordan, enferman y matan. Ya cierra la puerta del pasado, deja de mirar atrás y despójate de todo peso que te impida correr con agilidad la carrera de tu futuro.
Un entrenador es lo que hace. Toma a su deportista y lo hace sudar la gota gorda; lo lleva al peso necesario para ganar. No tolera ver la posibilidad de derrota. Un verdadero entrenador hace que el deportista se enfoque en la carrera. Es enemigo de las distracciones, de los placeres, del desánimo y de cualquier cosa que robe el enfoque de ganar. Si alguien tiene otra cosa en mente que no sea ganar, no merece continuar en la carrera. Un entrenador no soporta la posibilidad del fracaso. Su papel no es ser porrista ni enfocarse en las fortalezas del corredor. El enfoque del entrenador son sus debilidades, lo que lo puede hacer perder, lo que lo puede llevar al fracaso. Las debilidad del deportista es el enemigo número uno del entrenador y lo toma en serio. Vencerá a ese enemigo hasta que la única posibilidad sea el éxito.
Deja las toxinas atrás. Perdona lo que te hicieron, deja de hablar de lo mismo y avanza a lo que está delante. Entierra el año pasado, no cargues con peso que estorbará en tu futuro. Sólo te falta una cosa, un verdadero entrenador. Esa es la diferencia entre todos los que desean ganar y los que ganan. El entrenador hace la diferencia. No es lo mismo correr en la banqueta que correr en una pista; el entrenador es la puerta de acceso. No es lo mismo patear una pelota que participar en las olimpiadas, y el entrenador es la diferencia. ¿Entrenar sólo y entrenar con un profesional será lo mismo? ¡Claro que no!
Lo que necesitas es un entrenador y yo te tengo buenas noticias para iniciar este nuevo año. Jesús de
Nazaret, el gran campeón de campeones que venció a la muerte en la cruz del calvario, lo hizo para hacer de ti un vencedor. El te llama más que vencedor. Es enemigo de tus enemigos. De aquello que te hace perder, fracasar y morir. No es un entrenador nada más, sino un campeón que ya venció todo lo que posiblemente ahora te vence a ti. Pero ya no más, lo único que necesitas es aceptarlo como tu entrenador, y dejar que te lleve a ganar la carrera. Todas las victorias que El tuvo se te acreditaran de inmediato, y te convertirás de un vencido a un vencedor, de víctima a conquistador. No lo intentes tú solo; deja que Dios lo haga por ti.
¿Ser tu propio entrenador a donde te ha llevado? ¿Cuantas victorias has tenido? Ya no lo hagas solo. Dios quiere hacerlo por ti. No sudes para fracasar, suda para ganar. De todas maneras vas a sudar en esta carrera, ¿por qué sudar por sudar? Sin Dios es como correr en la caminadora de tu casa; sudas y sudas pero no avanzas. Correr con Dios es ganar. Si quieres tener acceso a ese entrenador márcale al: Romanos 10:9. Está esperando tu llamada.