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El Cristiano es el dueño del mundo, para quien no hay imposibles. Es el estudiante excelente de la Palabra de Dios, el mayor “fan” y practicante de todas las palabras del Maestro de Galilea. Es quien despierta deseando escuchar de su Maestro y está listo para caminar con la instrucción que reciba. En su boca siempre hay un canto y en sus pasos siempre hay seguridad. Es un verdadero amigo. Es confiable y leal. Puedes contar con él siempre. Lo que piensa concuerda con lo que dice y lo que hace. La integridad es su cultura y la bondad su costumbre. No tolera la injusticia. Es un pacificador. Como esposo es amable y un verdadero protector y proveedor. Es amoroso y dirige a su familia con el ejemplo. Como esposa es apacible y cariñosa. Sabe amar y respetar y no le tiene miedo a nada y a nadie. Como hijo sabe obedecer y como padre sabe corregir. La paz se respira en su casa. En su boca siempre hay sabiduría y espera pacientemente a que sea requerida. No habla por hablar, no se jacta sino que la humildad le caracteriza. Aunque el Cristiano nunca acepta que es humilde, todos quienes lo conocen testifican que así es. No necesita supervisión en el trabajo. Es quien resuelve los problemas, no quien los crea. Es esmerado, solícito y no importa el trabajo que haga siempre lo hace como para Dios. Es excelente en todo lo que hace y en poco tiempo siempre es elegido para ser promovido. El Cristiano siempre llega a estar delante de la grandeza porque es el lugar que Dios escogió para él. Esta informado del mundo en que vive. Siempre carga con la Biblia, el periódico y un café. Encuentra la relación entre la Biblia y su generación. No es un cobarde. Es el mejor vendedor del mundo. Vende lo que cree a todos los lugares donde va. Siempre anuncia con su vida y sus palabras que el éxito esta garantizado una vez que te vuelves Cristiano. Va a la iglesia a aprender y a practicar lo que aprende. No pierde el tiempo en chismes ni pleitos. Es enemigo de la hipocresía y la religiosidad. Vive en el perdón y la gracia. No pierde tiempo en su pasado y vive como niño a la expectativa confiando que Dios hará lo que ha prometido. No tiene dos vidas. Sólo tiene una y es la vida en abundancia que Dios le dio. No acepta menos que eso. Su sonrisa expresa la alegría de su corazón y su mirada la pureza de su alma. No es perfecto, pero está perdonado. Se cae pero tiene quien lo levante. Llora pero tiene quien lo consuele. Como jefe es exigente y compasivo. Ve a la empresa como si fuera su casa. Cuida los intereses de su trabajo como suyos propios. Sus empleados le alaban, le aprecian y le respetan. Como rico, comparte todo lo que tiene con el que padece necesidad. Sabe que él sólo es administrador de lo que Dios puso en sus manos. No confía en la riqueza, pues su esperanza está puesta en Dios. La riqueza no es su amo, sólo su herramienta para hacer el bien. Como pobre, trabaja duro y abandona ese estado muy rápido. Porque su maestro se hizo pobre para que el Cristiano sea enriquecido. Ve la pobreza como algo que no le pertenece y punto. El Cristiano es el que toda empresa busca con urgencia. Es el héroe que la sociedad aclama pero muchas veces brilla por su ausencia. Si encuentras uno, has hallado un tesoro. Algunos se disfrazan de este héroe; no te dejes engañar.
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