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Si hay algo de lo que carecemos es de la costumbre de celebrar. No me refiero a hacer fiesta con globos y espantasuegras. Me refiero a hacer un inventario de lo que tenemos… y celebrarlo.

Estamos acostumbrados a contar lo que no hay. Hacemos listas mentales constantemente de lo que nos hace falta, lo que soñamos tener, lo que envidiamos del vecino y lo que necesitamos para ser felices. ¿El resultado de eso? No sólo vivimos deprimidos, sin disfrutar la vida; vivimos en la espera de un mañana mejor y el hoy pasa desapercibido.

Si nos pidieran un inventario de lo que no tenemos, todos sacaríamos una lista rápido, como el niño que desde junio ya tiene su lista para Santaclós. Si constantemente hacemos un inventario de lo que no tenemos, es muy probable que lo que sí tenemos carezca de celebración en nuestra vida.

Hay una ley en la vida que es inevitable, como la ley de la gravedad. Lo que siembras cosechas. La única manera de hacer un inventario de la cosecha es si primero reconoces la semilla que tienes. No puedes celebrar la cosecha sin celebrar primero la semilla. No puedes ignorar la semilla y después reconocer la cosecha. No puedes olvidarte de la semilla y después celebrar la cosecha. ¿A donde voy con esto? Todo lo que tienes ahora es la semilla de lo que deseas producir en tu futuro. Ya tienes lo que necesitas. Hoy está en forma de semilla, pero si la celebras, si ves su potencial, si cuidadosamente la siembras en tierra fértil, verás mucho más de ella en forma de cosecha.

No puedes pensar que el sembrador sueña con una gran cosecha pero desprecia la semilla que tiene en sus manos. Hoy es tiempo de hacer un inventario de tus semillas. La cosecha vendrá. Eso es una garantía.

Vamos a algo más práctico, porque si no tienes un jardín donde sembrar o por lo menos un par de macetas, me parece que ya te me aburriste y estás a punto de dejar de leer. Dame un minuto más.

Todos queremos un matrimonio ejemplar. Al ver las películas románticas con un final feliz, añoramos tener eso. Esa sería la cosecha. Pero antes de tenerla tienes que sembrar.

¿Toleras a tu pareja o la celebras? Todo lo que carece de tu celebración lo vas a perder. Todo lo que celebres incrementará. ¿Te atreverías a dedicar más tiempo en sembrar halagos en
lugar de críticas? A poner más atención cuando hace las cosas bien y detenerte un momento para decir “muchas gracias por lo que haces”, “doy gracias a Dios por tenerte en mi vida”. Ya sé lo que estás pensando “¿¡Cómo voy a celebrar si no hace nada bien!?”. Probablemente estás recibiendo la cosecha de tus palabras negativas y de tus críticas. Si celebras, aquello que celebras incrementa. Pero también lo opuesto funciona. Si criticas, eso que criticas incrementará.

Una mujer le decía a su esposo todos los días. “¡Todas tus decisiones son puras burradas!”. Después de oírlo por años, un día se lo creyó, y mientras hojeaba su álbum de fotos de su boda, dijo: “Mi esposa tiene toda la razón. He aquí frente a mí la peor burrada de mi vida”.

Todo lo que dejas de celebrar lo vas a perder. Y por estar pensando en el futuro, en lo que no tienes, en lo que te falta, lo que tienes hoy no recibe tu celebración.

¿Cómo se celebra lo que tienes? Usa tus palabras, tus halagos. Da de tu tiempo. No necesitas tener mucho tiempo, pero debe ser tiempo de calidad. Usa tu sonrisa cuando llegues frente a lo que tienes, abre tus brazos y da las gracias. La palabra gracias debemos usarla con más frecuencia. Damos mucho por sentado.

Me duele mucho ver cómo la gente reacciona en los funerales. “Si tan sólo le hubiera dicho cuanto lo amaba”. “No puedo creer que estábamos enojados y no tuvimos oportunidad de reconciliarnos”. “Cómo hubiera querido darle un beso más”. “Cómo hubiera deseado darle un abrazo más”. ¿Será que tenemos nuestra mente en lo que deseamos, y los que están ahí los estamos ignorando?

Debemos celebrar. Es urgente hacerlo. Quisiera terminar con este reto: ¿Podrías tratar a la gente que amas como si hoy fuera el último día de tu vida? Te darás cuenta de que no vale la pena mantener las heridas ni los reclamos. No vale la pena gastar las palabras en recordar el pasado. Te despedirías diferente al salir de casa. Abrazarías a tus hijos viéndolos a los ojos en lugar de salir diciendo: “Más te vale que te portes bien, porque si no...”. Le darías un beso a tu esposa antes de salir en lugar de sólo gritar: “Ya me voy”.

Te invito a tirar a la basura el inventario de lo que no tienes. Lo que tienes
te espera y necesita tu celebración desesperadamente. No lo pierdas.

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