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¿Expondrías a quien amas a que salga a una calle oscura donde hay alguien esperando con una pistola para provocarle la muerte?

¿Te atreverías a dejar que alguien a quien amas muera de hambre siendo que tu alacena está llena de todo bien?

Probablemente te preguntas qué tiene que ver esto con las palabras. Las palabras negativas e hirientes matan. Y el negarnos a hablar bien, a dar buenas palabras, es mortal también. Es negarle un gran bien a los que nos rodean. Un bien indispensable para sobrevivir. Como la comida al cuerpo, así las buenas palabras son para el alma. Son necesarias para vivir. Permíteme darte un ejemplo y espero logres recordar a las víctimas de tus palabras mientras lees este breve artículo.

Escuché a una mujer decir que su esposo la trata muy mal cuando llega tarde a la casa. Le habla con groserías, con amenazas y cuando le pregunta por qué lo hace, el dice “porque me preocupo por ti”. Si quieres proteger a alguien, no dejes de tomar en cuenta lo peligroso de las palabras. Protege a los tuyos de tus palabras duras porque las palabras matan. El hogar, que debería ser un refugio para escondernos de la guerra que hay allá afuera, se convierte en el campo de batalla, pues ahí es donde disparamos a los que amamos. Con las palabras lastimamos, los derribamos, y salen heridos a un mundo que les espera para acabar con ellos.

Las palabras hirientes matan el alma, la autoestima, matan los sueños, matan el amor. Muchos dicen que “las palabras se las lleva el viento”. Pero esto es una gran mentira. Las palabras son como balas expansivas que penetran el corazón y afectan permanentemente. Un doctor famoso dice que para quitar los efectos de una mala palabra se requieren mil palabras buenas. ¿Te das cuenta de la gravedad?

Si hiciéramos una encuesta en las cárceles, nos daríamos cuenta de que el alma de esas personas que se convirtieron en criminales algún día recibieron el disparo de palabras que mataron su alma. Papá nunca dijo nada bueno, siempre dijo que no servía para nada. Los maestros que están ahí para educar, destruyen con palabras diciéndole al niño que nunca logrará nada en la vida; ese niño crece y un día logra creer lo que escuchó. Es muy probable que los que fueron víctimas de palabras hirientes de aquellos que deberían amarles y protegerles, terminen siendo
victimarios.

Por favor, te suplico, ¡no dispares a los niños! Ellos no son nuestros basureros donde podemos verter nuestro enojo. En ellos no, por favor. Su alma es tierra fértil; lo que siembres con tus palabras lo cosecharán en su futuro. Lo que digas que son, eso serán. Lo que dices que pueden hacer, lo harán. Lo que dices que no lograrán será para siempre su discapacidad. No se pueden defender, y una vez que sueltas tus palabras ya no hay vuelta atrás. Quedarán ahí para siempre. No habrá disculpa que borre lo que dijiste. Las palabras no se las lleva el viento, se quedan ahí en la memoria como un disco rayado que tocará dentro de sus cabecitas al enfrentar la vida. ¡Detente y no dispares!

No puedes llegar a emergencias con un moribundo y suplicar que lo sanen, que lo revivan, que hagan algo y ser tú la persona con el arma en la mano y las manos llenas de sangre, listo para que cuando lo sanen te lo lleves a casa a seguir torturándolo. ¿Por qué dañamos permanentemente a nuestros hijos en casa con nuestras palabras y luego los llevamos a terapias, a instituciones mentales, con consejeros, para ver quién los puede componer? Y luego llevarlos al campo de tortura otra vez, a casa, al “hogar dulce hogar”. ¿Qué tiene de dulce? Si las palabras son amargas, te aseguro que el hogar no es dulce.

La Biblia dice que la lengua tiene un poder y cuando hablamos ese poder transforma a los que nos oyen, y nos transformará a nosotros. Proverbios 18:20-21 dice: “Cada uno comerá hasta el cansancio del fruto de sus palabras. La muerte y la vida están en poder de la lengua; cual sea el uso que de ella hagas, tal será el fruto”.

No siembres palabras amargas, porque un día de ese fruto comerás. Podemos usar nuestra lengua para otra cosa, y disfrutar de la dulzura de los frutos.

Tus hijos lo necesitan urgentemente. No sacies su vientre de comida nutritiva y pongas veneno en su alma. Por favor, piensa antes de hablar.

Email: pastoranasweet@yahoo.com

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