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Un niño fue a la tienda porque su mamá lo mandó por un kilo de azúcar y un kilo de arroz. Le dio dos monedas y salió. Pasaron más de dos horas y, al volver, su mamá lo ve con las manos vacías. Le pregunta: “¿Hijo dónde está lo que te encargué?”. El niño, muy preocupado, responde; “No supe con cuál moneda comprar el kilo de azúcar y con cuál comprar el kilo de arroz”.

Esto es real. Al paso de los años no pasa de moda el famoso “se me olvidó”. Y como este niño, tenemos excusas muy creativas. El problema es que el tiempo se va, se pierde y nunca vuelve.

El Presidente Obama, Luis Miguel, Donald Trump, tú y yo tenemos algo en común. Contamos con un depósito de 24 horas al día. Sean ricos, pobres, de Norteamérica, Sudamérica, México, no importa la raza ni el género, tenemos el mismo depósito de tiempo. Lo que determina el destino de cada uno es el uso que le damos a ese depósito. El éxito no es casualidad, y el fracaso tampoco. Ambos destinos están a nuestra disposición y a nuestro alcance. Así como el banco sólo nos puede dar lo que depositamos, así también es la vida. Si deposito mi tiempo sabiamente, a la hora de ir a retirar algo del banco estará ahí listo. Pero si nunca deposité nada a la cuenta del éxito, ¿qué puedo retirar?

Es por eso que debemos considerar que el recurso más importante que tenemos es el tiempo. El uso correcto del tiempo produce todo lo que necesitamos. La inversión de tiempo en el estudio produce una carrera, la inversión de tiempo en la gente produce relaciones, la inversión de tiempo en los libros produce sabiduría, la inversión de tiempo en el descanso produce salud. Estos son ejemplos de cómo ese recurso nos da lo que deseamos tener, pero esperar recibir todo esto sin sembrar nuestro tiempo apropiadamente es necedad. Nadie siembra melones esperando sandías. Con la siembra del tiempo debemos pensar igual.

Hoy somos el resultado de la inversión del tiempo de ayer, y mañana seremos el resultado de la inversión del tiempo de hoy. Por eso debemos disfrutar y aprovechar las horas de hoy, pues es lo único que tenemos. Las horas de ayer ya pasaron, las de mañana no están garantizadas. El hoy es lo único que tenemos a
la mano para producir lo que queremos.

Así como el buen uso del tiempo puede producir todo lo que necesitamos, también el mal uso puede producir un desastre. La inversión de tiempo en la preocupación produce enfermedad, la inversión de tiempo en la televisión produce obesidad, la inversión de tiempo en hablar mal y pensar mal produce amargura, la inversión de tiempo en pensar en lo que quedó atrás, produce depresión.

Cada hora del día es como una semilla. La tierra fértil es el hoy. El tiempo de cosecha es el mañana, y en lo que la sembramos cosecharemos. Podemos pasar tiempo soñando en llegar a ser algo en la vida, pero si el tiempo que tengo hoy lo siembro en nada, esa será mi cosecha. El sembrador sabe lo que cosechará, no es un misterio, pues la semilla la tiene en la mano. Hoy tú tienes tu tiempo en tus manos; donde lo apliques tendrás cosecha. Así que el mañana no es un misterio.

Email: pastoranasweet@yahoo.com

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