|
Como seres humanos experimentamos constantes cambios naturales en el desarrollo de nuestra vida, que van desde la niñez hasta la ancianidad. Estos cambios son progresivos, lentos y conllevan una serie de adaptaciones propias de la etapa. Existen otros tipos de cambios provocados por situaciones inesperadas o por situaciones deseadas. Los cambios inesperados o forzados son aquellos causados por alguna razón que esta fuera de nuestro control, por ejemplo: catástrofes naturales (terremotos, huracanes, etc.), cambio de trabajo u ocupación (ser profesional y al cambiar de país tener que hacer un oficio muy diferente al que estábamos ejerciendo), cambios por la muerte temprana o inesperada de un ser querido, etc. Los cambios por situaciones deseadas son aquellos cambios que queremos y en cierta forma tenemos control sobre ellos, por ejemplo: los cambios que experimentamos al casarnos o divorciarnos, cambio de trabajo, cambios por la llegada de un hijo, cambio de estado o de país, etc. En general, todo cambio produce temor, y es normal que la mente le tenga miedo a lo desconocido. Este salir de lo conocido da mucho miedo, sobre todo si a lo largo de nuestra vida hemos procurado ir sobre seguro, sobre lo convencional, temiendo demasiado y buscando la aprobación de los demás. Este comportamiento seguramente nos ha dado seguridad por un lado, pero por el otro lado nos pone en desventaja frente a aquellos que están acostumbrados a cambiar de trabajo, de residencia, de pareja, etc., capaces de empezar de nuevo con confianza y fe en ellos mismos y en el resultado. El miedo al cambio o a lo nuevo es un gran obstáculo para encontrar nuevas motivaciones, debido a que las personas se sienten pesimistas y no optimista ante la novedad (ejemplo: la decisión de comenzar a estudiar después de no hacerlo por muchos años, regresar a ser una persona soltera después de haber estado casada por muchos años, empezar un trabajo sin la suficiente experiencia, etc.). La persona se ve obligada a adaptarse, a poner en uso sus habilidades y experiencias de vida ante la nueva situación. El ajuste de las personas ante una circunstancia nueva puede adoptar reacciones neutrales, negativas o positivas y esto depende del complejo sistema de pensamientos, creencias, emociones, sentimientos y deseos, programaciones, patrones de conducta y autoestima. La reacciones negativas se generan en las personas con baja autoestima, pesimistas, saboteadoras, antagonistas (personas que asientan con la cabeza pero sus acciones son contrarias). Las personas que reaccionan positivamente ante el cambio son personas con una autoestima alta, optimistas, entusiastas, seguras y con mucha confianza en sí mismas. Estos comportamientos están motivados por la actitud positiva y la capacidad para afrontar y absorber los cambios. Si podemos aprender y modificar la manera de pensar y de actuar, podemos mejorar el cómo nos sentimos frente al cambio; en otras palabras, podemos adaptarnos con más facilidad. El cambio exige una actitud proactiva, tener iniciativa, estar abierto y receptivo a nuevas ideas, sentirse estimulado en vez de inquieto (ver el cambio como un reto, no como una amenaza), confrontar los problemas e identificar los ajustes necesarios, comprometerse con el cambio como proceso continuo de mejora, cuestionar y tener visión de cambio. El cambio significa más esfuerzo, significa salirse de la zona cómoda, vencer el pesimismo, orientar el pensar y el hacer, y creer en nuestra meta. Graciela G. Baugher, CCHt. 303-775-9060. www.gracielabaugher.com
|
|