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La desgana es sinónimo de desmotivación. Todo ser humano necesita motivos, deseos, objetivos, ilusiones o metas que den sentido a su vida, para actuar. Sin motivación no estamos dispuestos a actuar. Cuando nos sentimos desmotivados tendemos a abandonarnos en la inactividad, esperando la inspiración o motivación positiva; esta espera se puede convertir en desesperación en la medida que nos cansamos de esperar.
La motivación no es constante, no es seguro que esté en nosotros siempre. Es normal que cualquier individuo atraviese momentos de desgana o vacío provocados por los ciclos que se terminan, cuando los deseos se realizan o simplemente porque tenemos algunos fracasos o tropiezos al tratar de alcanzar nuestros logros.
Para estar motivados necesitamos mantener los objetivos, las ilusiones, rehacer nuestras metas, trabajar en nuevas direcciones, explorar nuevos horizontes, buscar nuevas oportunidades y tomar el riesgo de probar nuevas cosas. También, es importante perseverar ante las dificultades, tener firmeza para no caer en el derrotismo antes de tiempo, autoreanimarnos, etc.. Todo esto es esencial para vencer el cansancio, la rutina, las dudas, la tardanza irritante que causan los obstáculos.
Cuando la persona sufre de depresión permanece en una apatía, desgana, desilusión y falta de sentido en su vida. Sin motivación, la persona no está predispuesta a actuar y siente que no tiene fuerzas para seguir adelante, se siente debilitada; esa falta de energía no es otra cosa que una motivación negativa que le hace pensar que “seguramente todo irá de mal en peor y sus esfuerzos serán inútiles”.
La formación del carácter durante la niñez es muy importante para lograr una automotivación constante. Si nuestros padres o maestros nos transmitieron confianza en nosotros mismos, nos inculcaron valor para resistir los malos momentos, problemas o dificultades; si nos enseñaron a manejar o tolerar las frustraciones y la demoras de nuestros deseos, estimularon la imaginación y la capacidad de invención, nos dieron opciones ante las diversas situaciones, nos dieron permiso para equivocarnos y controlar el coraje o malhumor, entonces estaremos preparados como adultos a resistir e imponernos ante las adversidades de la vida.
Si, por el contrario, nuestros padres o maestros reprimían nuestras iniciativas con criticas, comparaciones o burlas excesivas, nos mimaban impidiendo el desarrollo de nuestra fortaleza, no nos daban opciones, nos hacían demasiado dependiente de ellos con la excusa de protegernos, nos aterrorizaban con castigos, amenazas o exigencias, etc., entonces como adultos tendremos una autoestima baja, actitud de una persona derrotista, tendencia
a estar deprimido, falta de seguridad personal, autocompasión, dependencia de otros, dificultad para remotivarnos positivamente, pesimismo, tendencia al fracaso, creencia de tener mala suerte, etc.
Si usted es una persona depresiva, infeliz, ansiosa o nerviosa, con baja autoestima, busque ayuda con un profesional de la salud mental. Todas estas emociones y sentimientos negativos pueden ser cambiados por emociones y sentimientos positivos; nunca es tarde para cambiar, mejorar, aumentar y modificar la baja autoestima, lo cual mejora notablemente la calidad de vida. Usted tiene el derecho y merece ser feliz.
Graciela G. Baugher, CCHt. Cofundadora y miembro de la Alianza por la Educación y Salud de los Hispanoa. 303-775-9060. www.gracielabaugher.com

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