|
Por Graciela Baugher La autocompasión es sentir lástima por uno mismo. Este sentimiento puede mantenerte atrapado o estancado sin darte cuenta; te impide avanzar por la vida y disfrutar de ella. Según John W. Gardner (secretario de Salud, Educación y Asistencia Social en los Estados Unidos), “la lástima por uno mismo es uno de los narcóticos no farmacéuticos más destructivos. Es adictiva, da placer sólo al momento y separa a la víctima de la realidad”. Por definición, víctima es la persona que ha sufrido por una causa injustificada. Sin embargo, muchas veces las personas se pueden sentir víctimas o toman el papel de víctima (cuando la persona decide voluntariamente aceptar las culpas de otro, la situación de otro y sufre). Los sufrimientos y los problemas te pueden llevan a la autocompasión y a sentirte víctima de las situaciones o de las otras personas. Uno de los mayores obstáculos en nuestra vida es tener una autoestima baja. Nos hace sufrir y nos imposibilita obtener aquello que deseamos o alcanzar nuestras metas. Al no lograr el éxito deseado, buscamos un culpable. Ya sea que culpemos a los demás o a nosotros mismos, la suerte, la vida, Dios, etc., al sentirnos indefensos e incapaces de cambiar las circunstancias podemos terminar autocompadeciéndonos. La autocompasión es limitante y difícil de reconocer o aceptar, ya que le damos un significado erróneo. Para muchos significa “estar mal”, “ser débil”, “incapaz”, “menos valioso que los demás”, etc. Esta forma de pensar es equivocada. En realidad, la autocompasión lo único que indica es que durante nuestra niñez aprendimos una actitud que nos impide actualmente solucionar nuestros conflictos y problemas, y tener una mejor calidad de vida. Necesitamos tomar consciencia de lo que pensamos, creemos y sentimos sobre nosotros mismos; también necesitamos aprender a analizar las circunstancias y nuestras habilidades, de una manera diferente o desde otro ángulo. Una persona tiende a sentirse víctima o a compadecerse con facilidad cuando: - Con frecuencia siente que en su vida no tiene opciones o están limitadas. - Siente que lucha y lucha y no logra mejorar o resolver su situación. - Piensa que la solución a sus problemas no dependen de él, sino que depende de lo que hagan o dejen de haces las otras personas. - En ocasiones se siente incapaz de enfrentar al mundo que le rodea. - Siempre tiene una excusa o razón para justificar su actitud. - Siente que tiene poco control sobre su vida y lo que le está pasando. - Busca consejos, pero no los sigue. - Busca la aprobación de otros para resolver su situación. - Se siente molesto o incomprendido cuando otros lo quieren ayudar. - Se sacrifica sin necesidad, sin que nadie se lo pida. - No cambia y sigue haciendo lo mismo. - Se olvida de sí mismo. - Se siente incapaz, ineficaz e indefenso. - Suele reaccionar ante las circunstancias sin pensar. - Puede tener una relación emocional codependiente. Todos hemos sufrido y todos hemos fracasado algunas veces en la vida. La diferencia entre los que se autocompadecen y los que no, es que los primeros son pesimistas y se dedican a ver todo lo malo que les ha pasado en la vida y que no lo han podido evitar o solucionar y los otros son optimistas; se enfocan en lo que quieren que les pase y en lo que necesitan hacer para lograrlo. Si creemos que no tenemos control sobre lo que nos pasa, que los demás se aprovechan o que nos causan daño, acabamos sintiéndonos incapaces y desempeñado el papel de víctima. Graciela G. Baugher. CCHt. 303-775-9060. www.gracielabaugher.com
|
|