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Disciplina

Por Graciela Baugher

La disciplina es un comportamiento humano y consiste en la capacidad de actuar ordenada y persistentemente para lograr algo o conseguir un bien. Este valor es básico y fundamental para poder desarrollar otras virtudes. Sin la disciplina es casi imposible tener fortaleza, templanza y eficacia (ser eficaz es la capacidad de producir buenos resultados tanto como padre, hijo, hermano, alumno, trabajador y como ciudadano) ante las adversidades que se presentan en la vida diaria. La disciplina es el valor de la armonía, porque todo guarda su lugar y su proporción. Una persona puede carecer de disciplina cuando se encuentra bajo cierta forma de libertinaje. Uno de los mayores retos a la hora de educar a un niño es saber cómo proporcionar correctamente la disciplina; como padres debemos: - enceñar a nuestros hijos. - saber cómo esperar que se comporten. - saber lo que no es aceptable en sus conductas.

La disciplina es un medio continuo y consistente de enseñar a su hijo y de estructurar su conducta, e implica recorrer un largo camino que comienza desde el momento en que nace. La mayoría de los padres y las personas que se encargan del cuidado de niños dicen que la disciplina es una de sus preocupaciones principales, porque no saben si son demasiado suaves o demasiado estrictos con ellos.Los niños aprenden mejor de las acciones que de lo que les decimos (tiende a imitar); si moldeas buenos comportamientos, los copiaran. También debemos darles simples indicaciones verbales. Dependiendo de la edad, los niños tratan de probar los límites de sus acciones; pueden llorar o quejarse para ver cómo reacciona el adulto. Si estos comportamientos negativos son recompensados (dándole una galleta, un dulce o una paleta, etc.), el niño volverá a actuar de esa forma una y otra vez. Los premios y las recompensas deben reforzar un comportamiento positivo o bueno. Elogiar al niño por su buen comportamiento o darle una sonrisa son gestos afirmativos que aprueban su conducta. Humillar o avergonzar al niño por su mal comportamiento afectará su autoestima negativamente y lo más probable es que su comportamiento no cambie o mejore.

La consistencia en la disciplina (reglas y rutinas) es la clave en la educación de un hijo; es el marco de referencia para hacerle saber cuáles son sus límites. Actuar con firmeza no implica maltrato. Es diferente al castigo; el castigo es una acción que
resulta de comportamientos inaceptables. Los niños disciplinados son más felices.

Con el tiempo, las prácticas disciplinarias están cambiando. Antes: - El castigo era corporal; muchas veces, fuertes y arbitrarios. - Los niños sólo acataban órdenes y debían mantenerse callados. - Se pensaba que el gritar, humillar o insultar era una buena forma de educar o disciplinar. El lado negativo de estas prácticas disciplinarias es la perdida de la autoestima, la seguridad, la confianza y la alegría en el niño. Hoy: - Quitar privilegios o pausas forzadas (no ver televisión o no usar la computadora, no llamar o pasar tiempo con los amigos, etc.). - Mayor comunicación entre padres e hijos. - Se toma más en cuenta la edad del niño y la falta cometida. - Hay que tratar de todas formas de no destruir o bajar la autoestima del niño. El lado negativo es que los padres son demasiados permisivos y para evitar los conflictos, no educan. Siempre, debemos recordar que aunque hay que poner límites lo podemos hacer con amor, cariño y constancia, y que el ejemplo enseña mejor que las palabras y debe empezar por la casa y con respeto.

Graciela G. Baugher, CCHt. 303-775-9060. www.gracielabaugher.com



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