En estos tiempos, de cada dos matrimonios uno termina en divorcio y la mayoría de las parejas divorciadas tienen hijos. Se sabe que de las parejas que se casen este año o vivan juntos, más de la mitad terminarán divorciados o separados y que más del 60% de los niños que nazcan de estas uniones pasarán parte de sus vidas en un hogar compartido o dividido. El número creciente de divorcios y los cambios en los patrones familiares traen como consecuencia el aumento de nuevas familias.
Las nuevas familias o segundas familias tienen que hacer frente a muchos retos u obstáculos para lograr un desarrollo sano y bueno de las relaciones entre sí, lo cual genera frecuentemente mucho esfuerzo. Se tienen que hacer ajustes en cada miembro de la familia después del divorcio o separación, los cuales muchas veces son muy dolorosos y complicados.
Cuando se forma una nueva familia, sus integrantes no tienen una historia común y a veces su hábitos o creencias son diferentes y no hacen las cosa de la misma manera. Otro fenómeno que se puede presentar es que el niño tenga la lealtad dividida entre el padre con quien vive la mayoría del tiempo y el padre que vive en otro hogar y a quien visita de vez en cuando o algunos fines de semana. De igual manera, es frecuente que los recién casados no puedan pasar tiempo solos para adaptarse o ajustarse a la nueva relación. Los integrantes de la nueva familia combinada necesitan poner de su parte o hacer un esfuerzo para crear vínculos fuertes y duraderos entre ellos. Todos tienen que aceptar y reconocer lo que han perdido y lo doloroso que fue. Se deben crear nuevos hábitos y tomar las decisiones en familia. Es importante ayudarse unos a otros, así como mantener las relaciones originales con los padres naturales o biológicos. El fortalecer y fomentar las nuevas relaciones entre padres, padrastros y hermanastros es lo ideal. Los padres deben estimular a sus hijos si los ven a manifestar sentimientos fuertes y agradables al encontrarse tratando de lidiar con la pérdida del hogar o familia, aislarlos de sus sentimientos de culpabilidad (el niño por lo general se siente culpable por el divorcio o separación de los padres), ira o enojo. Se debe evitar que los niños se sientan excluidos o inseguros, evitar que se sientan incómodos con cualquier miembro de la familia original
o de la nueva familia. Se recomienda buscar ayuda profesional si el niño tiene problemas con la nueva situación, así como si se desahoga o dirige toda su ira hacia un solo miembro de la familia o expresa resentimiento o rencor contra el padrastro o madrastra, o hacia el padre /madre, cuando los padres por sufrir mucho estrés no pueden ocuparse de las necesidades de los niños, cuando uno de los padres o padrastro muestra algún favoritismo por otro niño, cuando el niño llora con frecuencia o se retrae a menudo, o cuando el niño baja en su rendimiento en la escuela y se le dificulta concentrarse.
Si su esposa y su ex marido tienen hijos, su relación como padres va a durar para siempre. Tal vez tenga que ver a su ex esposo o atender sus llamadas y esto puede molestarle mucho o si él está pagando una pensión de divorcio su mujer puede sentir resentimientos, ya que las pensiones de divorcio se consideran una carga en las finanzas de la nueva familia. Las primeras esposas por lo general suelen tener más necesidad de ayuda económica, así como necesidad de ayuda con los hijos. Es posible que la esposa esté desilusionada o celosa porque su nueva pareja mantiene un lazo con la ex esposa. Todo se puede manejar con una forma civilizada y con asesoría profesional.
Graciela G. Baugher, CCHt. 303-775-9060. www.gracielabaugher.com