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Un matrimonio se divorcia cuando los cónyuges deciden que ya no pueden seguir viviendo juntos en armonía y no quieren continuar casados. Por lo general, uno de ellos se va del hogar y vive en otro lugar. Dependiendo del caso, algunos niños pasan cierto tiempo viviendo con uno de los padres y cierto tiempo viviendo con el otro. También es común que los niños vivan la mayoría parte del tiempo con uno de los padres y visiten al otro; en éste caso, al principio a los niños les parece muy extraño visitar a su propio padre o madre y les toma tiempo adaptarse a la situación. Debido a la ruptura y separación por el divorcio, muchas veces los cónyuges deben mudarse de casa o de vecindario, lo que puede resultar muy difícil para los niños, ya que dejan atrás sus escuelas, amigos, vecinos, etc. Otro problema que pueden enfrentar los hijos es que algunos padres quieren que el niño sea un mensajero entre una casa y la otra o quizás le hagan muchas preguntas acerca de la ex pareja. En estas situaciones el niño se puede sentir muy confundido e incómodo. Los niños perciben el divorcio como un suceso importante y negativo que estimula las emociones dolorosas (tristeza, frustración, estrés, temor o miedo, etc.), confusión e incertidumbre. A corto plazo pasan por un periodo de duelo, aflicción, tristeza, depresión y abatimiento, además de inseguridad y ansiedad acerca del futuro. Los niños pueden sentirse culpables y es frecuente que traten de reconciliar a sus padres. Después de esta etapa inicial, viene la ira y el resentimiento con aquel a quien sienten culpable del divorcio. Por último, el niño se debe ajustar sanamente a la nueva realidad. Para la mujer separada o divorciada, esta condición es más complicada que sólo perder al cónyuge. Por lo general, sufre otras perdidas, ya sean materiales, económicas o afectivas, como amistades comunes del matrimonio, etc. La mujer divorciada debe procurar mantener su identidad, mejorar su autoestima, alcanzar el sentido de la misma (quién es), tener claros los roles que debe desempeñar en su nueva situación, definir a dónde va, velar por la salud emocional de sus hijos, etc. Es conveniente que busque ayuda o apoyo en sus familiares o amigos cercanos. Si se aísla, sentirá soledad y hostilidad, demorando así su ajuste sano y equilibrado a la nueva vida. Los hombres separados o divorciados deben también ajustarse al nuevo estilo de vida. El proceso de ellos puede ser muy diferente al de las mujeres, pero no deja de ser duro y difícil. La sociedad espera que sean fuertes (no mostrar sus sentimientos), callados, enérgicos y a veces hasta insensibles; esto lo que hace es poner más tensión, presión y estrés sobre el hombre que está solo, demorando su ajuste a una nueva vida. Igual que la mujer, el hombre necesita el apoyo de los familiares y amigos. La persona supera el proceso del divorcio cuando ha aceptado la situación, aumentado su autoestima, sanado los recuerdos y las heridas, y renovado sus fuerzas; cuando pueda tener una nueva relación sana y visión de un futuro mejor. Si usted tiene problemas para superar su situación de divorcio, busque ayuda con un profesional de la salud mental. Graciela G. Baugher, CCHt. Cofundadora y miembro de al Alianza por la Educación y Salud de los Hispanos. 303- 775-9060. www.gracielabaugher.com
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