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El Trastorno de Ansiedad Generalizada es una enfermedad; las personas que la padecen se preocupan todo el tiempo por su salud, su familia y su trabajo, aún cuando no exista motivo. La ansiedad también es conocida con el nombre de angustia o desesperación. La ansiedad es un estado emocional producido por un estímulo real o imaginario (en nuestra mente) que nos pone tensos, ya sea porque pensamos que “algo malo va a pasar” o porque sentimos que “perdemos el control” sobre nosotros mismos o sobre una situación. Las personas que padecen del Trastorno de Ansiedad Generalizada se sienten tensas y preocupadas todo el día. También, sufren de dolores (a veces crónicos y sin explicación física o médica), malestares físicos sin razón, insomnio y fatiga o cansancio a menudo. Es normal preocuparnos de vez en cuando, pero las personas que sufren de este trastorno se mantienen preocupadas constantemente y creen que va a pasar siempre lo peor, lo cual les impiden relajarse y sentirse en paz. Esta condición es más frecuente en las mujeres que en los hombres y puede comenzar a cualquier edad, inclusive en la niñez por traumas o abusos (emocionales, físicos o sexuales). Cada año, 4 millones de personas padecen este trastorno en Estados Unidos. La ansiedad se refiere a pensamientos, ideas o imágenes de carácter subjetivo, que tiene influencia en la fisiología del cuerpo o función del organismo. Las personas angustiadas pueden sentir preocupación, temor o miedo, inseguridad, agobio, recelos, incertidumbre, sospechas, aprensión, inferioridad, incapacidad, anticipación del peligro o amenaza, dificultad de pensar con claridad, dificultad de concentrarse o tomar decisiones, etc. Si usted ha tenido más de uno de los siguientes síntomas en los últimos seis meses, es posible que padezca del Trastorno de Ansiedad Generalizada: - Nunca deja de preocuparse por las cosa, ya sean pequeñas o grandes. - A menudo siente presión o tensión y no se puede relajar. - Dolores de cabeza frecuentes u otros dolores o malestares físicos sin motivo aparente. - Dificultad de mantener la mente enfocada en una cosa a la vez. - Dificultad para dormirse o mantenerse dormido. - Mal humor o siempre enojado. - Temor a todo. - “Sofocos” o transpiraciones frecuentes. - Deseos de vomitar o la sensación de un nudo en la garganta cuando está preocupado. Tratar de superar o sobreponerse a estos síntomas con la fuerza de voluntad (como piensan algunas personas) no es efectivo. Es conveniente que se traten lo antes posible. Esta enfermedad puede ser tratada con medicamentos y terapia. La terapia le ayudará a aprender cómo manejar sus emociones y controlar sus preocupaciones. También, resuelve conflictos no resueltos o traumas ocurridos en la niñez. Si usted o un familiar sufre de algunos de estos síntomas, busque ayuda con un profesional de la salud. Graciela G. Baugher, CCHt. 303-775-9060. www.gracielabaugher.com
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