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El miedo se define como “una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”. El miedo es una emoción característica de la condición humana que data desde los inicios del hombre. Se le considera una emoción primaria; las emociones primarias son aquellas con que nacemos, no son aprendidas, cumplen una función adaptativa, son de corta duración y se agotan por sí mismas.
La función del miedo es protegernos de algún peligro real; es como un mecanismo de defensa que provoca que nuestro organismo se prepare o active el estado de alerta ante una amenaza. Gracias a esta emoción sobrevivimos como especie humana, ya que nos permite reconocer situaciones que nos puedan poner en riesgo de muerte. Sin embargo, el miedo puede ser diferente dependiendo qué lo motive. Hablamos de miedo racional o real cuando el riesgo o la amenaza de peligro es tangible y probable (miedo saludable); decimos que el miedo es irracional cuando es provocado por la angustia y la imaginación (miedo mental o psicológico).
La emoción de miedo se caracteriza por un intenso sentimiento, habitualmente desagradable, provocado por la percepción de peligro, ya sea real o supuesto, presente o futuro; dependiendo del grado de su intensidad lo podemos llamar: recelo, aprensión, temor, espanto, susto, alarma, peligro, fobia, pavor, pánico, horror o terror.
Cuando experimentamos miedo el cuerpo sufre cambios fisiológicos debido a que se dispara una sustancia llamada adrenalina y otras hormonas, las cuales producen cambios físicos como taquicardia (palpitaciones fuertes del corazón), dilatación de las pupilas, sudoración, temblor, palidez, tensión muscular, gritos, sensación interna de inquietud (alarma) y deseo de escapar.
El miedo racional o real (miedo saludable) nos ayuda a sentir respeto por aquellas cosas que nos pueden ocasionar un problema y nos ofrece protección. Este tipo de miedo nos protege, ya que con la ausencia de él podemos tener exceso de confianza y provocar riesgos graves, accidentes, daños irreparables o incluso la muerte por no ser cautelosos. Por ejemplo: manejar en la nieve en unas condiciones climáticas no seguras (poca visibilidad, rutas con áreas congeladas, etc.) y con un vehiculo no apropiado o en malas condiciones, es un riesgo y causa un miedo saludable, que nos ayuda a tomar la decisión sana de quedarnos en casa, tomar el autobús, ir con un amigo en un coche más apropiado o sólo salir en caso de emergencia, etc.
Todos sentimos miedo y el miedo no
es una actitud de cobardía; es una emoción natural para autoprotegernos y debe ser proporcional al peligro que enfrentamos para actuar de una manera adecuada ante dicha situación. Los cuatro componentes básicos del miedo son: - la experiencia subjetiva del temor. - los cambios fisiológicos. -la expresiones directamente observables de miedo. -los intentos de evitar ciertas situaciones o escapar de ellas.
Aprender a regular el reflejo del miedo facilita nuestra capacidad de adaptación; una vez cumplida su función, el miedo disminuye; de no ser así, se vuelve inútil y problemático.
Graciela G. Baugher, CCHt. Cofundadora y miembro de la Alianza por la Educación y Salud de los Hispanos. 303- 775 9060.
www.gracielabaugher.com

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